LMNeuquen Columna de Opinión

Encrucijada ante la muerte

En pandemia, ser responsables es una actitud tan básica como necesaria para seguir con vida.

El drama de la humanidad siempre ha sido la muerte. La angustia ante lo inevitable motorizó el pensamiento y la fe en busca de un placebo que nos evite recordar la finitud a cada instante.

Hoy, la idea de muerte, en medio de la pandemia, se ha convertido en todo un dilema. Cientos de personas incumplen el artículo 205, incluso los denominados esenciales, a riesgo de contagiarse, expandir el virus y –por qué no– morir.

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La paradoja a la que nos enfrentamos es saber o entender qué tanto valoramos la vida. Me pregunto si los seis meses de encierro e incertidumbre han desarrollado una negación del fenómeno de la muerte. Tal vez evolucionamos por encima de la idea de finitud, o simplemente nos estamos volviendo más idiotas al punto de que arriesgamos no solo nuestra vida sino también la de los demás.

Como seres de una época histórica, debemos resolver una ecuación sencilla: propagamos el virus o la responsabilidad.

Ambos elementos, en las actuales condiciones, se pueden poner a la par.

Ser responsables cada uno como sujeto nos permite proteger a los nuestros, familiares, amigos y vecinos. Es decir, si todos apostamos por esta conducta, será mucho más simple vivir para contarlo, más allá de los avatares económicos.

Al contrario, si subestimamos la responsabilidad, lo que se va a propagar es el virus, afectando a todo nuestro entorno y seguramente cobrándose vidas que se podrían salvar.

En los millones de años que tienen la tierra y el universo somos menos que un suspiro, por lo que ya que el viaje es tan breve, podríamos aprovecharlo.

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