En todos los ámbitos de la vida surgen discusiones y “grietas” con posturas irreconciliables. Los neuquinos vivimos en los últimos tiempos un hostil enfrentamiento entre los desconfiados y los exagerados. Desde el jueves pasado supimos con la certeza de quienes viven de hacer pronósticos meteorológicos con satélites y tecnología de última generación que este martes íbamos a tener vientos de más de 100 kilómetros por hora en toda la región. Los desconfiados fueron aquellos que al enterarse de la alerta de la AIC dijeron que era “un temporal más” y que “hace años no se suspendían las clases por vientos así”. Sus fundamentos fueron las ganas de sembrar dudas en donde no las había. Y nada más.
En la otra esquina del cuadrilátero se pararon los exagerados, que tomaron una información de carácter científico, le otorgaron valor y la transformaron en acciones concretas. Esas acciones, criticadas a rabiar por los desconfiados, evitaron consecuencias mayores.
Incluso el metereólogo de la AIC, influenciado quizás por los desconfiados, no se había atrevido a afirmar si era conveniente cerrar las escuelas cuando fue consultado en LU5. El mayor drama, en medio de la grieta, lo sufrieron quienes sin información y con el consejo de los desconfiados decidieron vivir un día extraordinario como si fuese uno más.
En definitiva, hubo comercios abiertos, familias enteras transitando calles y rutas, y muchos chicos que hasta último momento no supieron si tenían clases. Hubo problemas en todos los frentes y gente que se enfrentó a inconvenientes inusuales con herramientas insuficientes. Celebro la entereza de los exagerados, que trabajaron y enfrentaron la realidad del temporal en medio de las burlas de la muchedumbre.


