Familias neuquinas ayudan a niños huérfanos de Siria
sofía sandoval
NEUQUÉN
Perder a un hermano, un padre o un hijo duele igual en cualquier rincón del mundo. Más allá del idioma, el alfabeto o la religión, cuando la guerra te arrebata a un ser querido se siente una presión idéntica en el pecho y las mejillas se salan con las mismas lágrimas. Al menos así lo entendió Claudio Escaudar, un ingeniero civil neuquino que el mes pasado visitó una provincia de Siria y vivió la guerra en primera persona.
Aunque nunca había visitado el país árabe, Claudio se crió escuchando las historias de su abuelo sirio, que retrataban el lugar como una nación avanzada, con esos retratos nostálgicos que siempre enaltecen los escenarios de la infancia. Pero el hombre nunca pudo conocer esa tierra que se imaginaba como Suiza, sino un país devastado por seis años de guerra.
Claudio hizo un viaje de cinco escalas para llegar a Siria junto con su hermano y su primo. Llevaban unas pocas mudas en un bolsito de mano y dos valijas cada uno, repletas de donaciones que juntaron con otras doce familias neuquinas de ascendencia siria que hacen acciones solidarias para reunir fondos para los niños huérfanos (ver aparte).
Admite que no presenció balaceras ni vio cadáveres en el suelo ni cuerpos mutilados. Pero sí vivió el dramatismo del conflicto bélico en cada llanto de una mujer viuda o un niño huérfano, en cada retén en las rutas donde le pedían documentos y en cada gesto de los sirios que, a pesar de todo, llenaban la mesa con un banquete para recibirlos.
“Estuvimos poco más de una semana en la provincia de Tartús, visitamos escuelas y centros comunitarios y ayudamos en total a casi 500 personas”, contó Claudio, como si no fuera una proeza. Es que, más allá de su entrega, el hombre sintió que también recibió algo en ese viaje, que le permitió no sólo contactarse con la cultura de sus antepasados sino aprender la otra parte de la historia.
“Cuando llegamos nos hicieron algunas entrevistas por nuestra misión solidaria y lo que más nos preguntaban era si en Argentina se sabía de verdad lo que está pasando en Siria”, señaló Claudio. “Lo que le llega al mundo es que allá hay un dictador, pero en realidad tienen un presidente que ellos votaron y están luchando para erradicar el terrorismo”, aclaró. Para Claudio, la guerra siria es el escenario de la disputa de poderes de las superpotencias.
Su visita a Tartús lo ayudó también a revalorizar su vida apacible en Neuquén, donde llegaron también cinco refugiados sirios. “Había gente que nos decía que habían terminado la universidad y quería emigrar para desarrollarse profesionalmente, pero hay otros que decían que querían quedarse a pesar de la guerra”, contó Claudio.
Junto al grupo de familias que busca donaciones también ayudan a la adaptación de los sirios que llegan a Neuquén, y Claudio comparó esa situación con la que vivieron sus abuelos, que también llegaron al país huyendo de la pobreza de la posguerra pero que hicieron un aporte invaluable al desarrollo nacional. “Ellos pueden enriquecer nuestra cultura”, aseguró.
Estuvieron poco más de una semana en la provincia siria de Tartús, visitando escuelas y centros comunitarios y ayudando a casi 500 personas.
Un esfuerzo para llevar esperanza en medio de la guerra
Un grupo de trece familias neuquinas de ascendencia siria comenzó hace meses a juntar fondos y donaciones que llevan personalmente a los huérfanos de ese país. Con distintas propuestas, tratan de ofrecer siempre contraprestaciones por la ayuda que reciben.
Laura, una de las integrantes de este grupo solidario, comentó que vendieron shawarma, una típica comida árabe, en distintas ferias y eventos de la ciudad para recaudar fondos. Además, organizaron una venta de bolsones de frutas y verduras, cocinaron empanadas y hasta organizaron un té por la paz.
“Tratamos de que la gente que colabora se lleve algo y que sean por lo general opciones saludables”, comentó Laura, quien aseguró que la comunidad neuquina siempre colabora cuando cuentan el destino que les darán a los fondos.
Uno de los eventos más importantes fue su participación en la Feria de las Colectividades, donde vivieron tres días de tareas intensas y donde los miembros del grupo, que tienen distintos trabajos, tuvieron que ingeniárselas para convertirse en cocineros y mozos.
Tras varios meses de trabajo, llevaron al país árabe ropa, medicamentos y pequeños sobres con donaciones de 30 o 50 dólares en dinero sirio para apoyar a los niños huérfanos y las mujeres viudas que dejó la guerra en ese país.
Ayuda: Quienes deseen colaborar, contactarse a: [email protected].
Una solidaridad en forma artesanal
La ayuda de las familias llega a Siria de forma artesanal. Al llevar las donaciones personalmente, Claudio Escaudar y sus familiares tuvieron que enfrentar varias dificultades ya que no viajaban en una misión oficial humanitaria. “La primera vez que intentamos ir nos tuvimos que quedar en Alemania porque la situación en Siria estaba muy complicada. Sólo siguió el viaje un compañero que es ciudadano sirio y llevó las donaciones”, explicó.
En la segunda oportunidad llevaron los aportes como su equipaje en un vuelo comercial, por lo que tuvieron que dar explicaciones en la aduana libanesa, por donde entraron a Siria. “Llevábamos medicamentos con una autorización médica en inglés y en árabe”, señaló Claudio. Aclaró que aunque les pedían una autorización del Ministerio de Salud, mediante el diálogo finalmente lograron sensibilizar a los funcionarios sobre la importancia del aporte.
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