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La Mañana identidad

Fue apropiado de bebé en los '70 y a los 50 años recuperó su identidad

José Gustavo Urrutia nació en Barrancas en 1972 y fue adoptado ilegalmente por un jefe de la Policía de Neuquén. Un fallo de la Justicia determinó su verdadero origen.

Todas las sospechas, dudas, intuiciones y negaciones que acumuló y cargó durante largos años como una pesada roca sobre sus hombros, quedaron confirmadas. El martes pasado, un fallo judicial firmado por el Juez de Familia Jorge Sepúlveda, determinó que quien hasta ese entonces era José Gustavo Casal Ulman, de ahora en más se llamará José Gustavo Urrutia. José inició una causa judicial en octubre de 2016 ante el Juzgado de Familia 1 de Neuquén por impugnación de reconocmiento y reclamación de filiación contra Casal y Ulman.

El juez pudo constatar que Urrutia, nacido en el paraje Pichinco de la localidad de Barrancas el 15 de abril de 1972 es hijo biológico de Estefanía del Carmen Urrutia y que había sido adoptado ilegalmente por Antonio Casal, quien hasta fines de 1976 se desempeñó como jefe de la Unidad Regional de la Policía de Neuquén, casado con Nelly Ulman, también integrante de la fuerza policial.

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“Casal no era mi padre”, subraya este hombre de 50 años, quien confiesa ante el cronista que “lo más importante es haber llegado a encontrar mi verdadera identidad”. Dice que ahora su objetivo es encontrarse con su madre, quien vive en Villa Pehuenia, y a quien recién conoció en 2009.

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En octubre de 2016, José Gustavo Urrutia inició una causa judicial ante el Juzgado de Familia 1 de Neuquén por impugnación de reconocmiento y reclamación de filiación contra Antonio Casal, jefe de la Policía de Neuquén a fines de 1976, y Nelly Ulman.

Estefanía tenía 16 años cuando quedó embarazada, “fruto de una relación fugaz, de un encuentro amoroso”, según declaró en la causa, con un hombre que sólo recordó que se llamaba Ricardo. Tuvo a su hijo en su domicilio en Barrancas y debido a un problema en la placenta que hacía que su vida corriera peligro fue derivada al hospital. Al salir del hospital, un familiar le dijo que el bebé se había muerto. Incluso durante varios años, la mujer visitó el cementerio de Buta Ranquil donde sus padres le habían dicho que allí estaban los restos de su hijo.

“Una prima, Viviana, que había nacido dos meses después que yo, me contó que durante un tiempo compartimos moisés. Aparentemente hubo un tramo de dos o tres meses que estuve a la espera de que me vengan a buscar. Por lo que pude saber tenía tres destinos posibles: Mendoza, Capital Federal y Neuquén”, explica. Y agrega “después de nacer estuve dos o tres meses en Barrancas con una familia que tenía dos hijos. Esta familia vivía cerca del puente que está antes de cruzar a Mendoza. El padre era policía”.

Luego de tener a su hijo, Estefanía del Carmen Urrutia fue derivada a un hospital por complicaciones. Cuando salió del hospital sus familiares le dijeron que el bebé había muertos. Durante varios, la mujer visitó el cementerio de Buta Ranquil donde sus padres le habían dicho que allí estaban los restos de su hijo.

En ocasión de realizar un trámite personal, José notó con asombro que su partida de nacimiento se encontraba fechada en la ciudad de Neuquén el 7 de enero de 1975, es decir, tres años después de su nacimiento, el 15 de abril de 1972 en Barrancas. “Me sorprendió que se consignara que obraba ‘en virtud de la disposición 5 de la Dirección General del Registro Civil y la firmó conmigo el declarante’ (por Antonio Casal)”. A partir de entonces las dudas comenzaron a calar en lo más profundo hasta que se enteró de la existencia del acta de nacimiento original, con fecha 3 de mayo de 1972 en Barrancas. En esa acta se consigna que era hijo de Estefanía, de 17 años.

Desde joven a José le resultaba particular las diferencias físicas no sólo con el matrimonio Casal sino también con su “hermana”, Zulma. Como así también las formas de pensar y de actuar. Ante las preguntas, José siempre recibía contestaciones “violentas” por parte de la pareja. En su casa del barrio Villa Farrel de esta ciudad, los Casal siempre le negaron la verdadera historia “a pesar de que les mostré el acta de nacimiento y era la prueba que evidenciaba que esa adopción había sido ilegal”.

A pesar de las negaciones, las respuestas violentas, la relación de José con los Casal “era buena más allá de todo, me crié en una familia policial así que había una cosa verticalista, machista”. Casal estuvo a cargo de la Unidad Regional de la Policía de Neuquén en 1976. En el tercer juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar, Casal declaró y contó que el ex interventor de la Universidad Nacional del Comahue, Remus Tetu, quería armar la Triple A local y cómo se plantaron elementos en operativos contra militantes políticos y sociales, muchos de ellos desaparecidos.

José encontró la verdad de sus intensas incógnitas, de su constante búsqueda en relación a sus orígenes de la propia boca de Casal. Fue el año anterior a que se produjera la muerte del ex policía, ocurrida el 21 de enero de 2017. “La última charla que tuve con Casal fue en su lecho de muerte donde me confesó que él me había apropiado, que le había surgido esa posibilidad”, cuenta emocionado. “También me dijo que cuando le agarré de la mano por primera vez y le dije 'papá', se le habían caído las medias y que se sentía orgulloso de que yo haya llevado durante todos esos años su apellido”, relata.

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"Estuve buscando la nulidad de esa acta de nacimiento porque fue una adopción ilegal. La pelea fue por mis derechos, saber y conocer la verdad”, expresa José Gustavo Urrutia.

A pesar del dolor, de conocer la verdad de boca de su apropiador, José explica que a través de su fe religiosa “logré perdonar y sanar un montón de heridas” aunque hubiera preferido saber la verdad antes. Agrega que de esa relación atesora algunos “lindos recuerdos” como cuando Casal le enseñó a andar en bicicleta o a manejar.Sobre la mujer de Casal, sólo sabe que se retiró de la fuerza en septiembre de 1987.

“La última charla que tuve con Casal fue en su lecho de muerte donde me confesó que él me había apropiado, que le había surgido esa posibilidad”, cuenta emocionado José Gustavo Urrutia. “También me dijo que cuando le agarré de la mano por primera vez y le dije 'papá', se le habían caído las medias y que se sentía orgulloso de que yo haya llevado durante todos esos años su apellido”, relata.

En relación a su padre biológico, alguna vez su prima Viviana le había comentado la posibilidad de que fuera Carlos Albornoz, un policía retirado que residía en Buta Ranquil. Albornoz había conocido a Estefania y cuando ésta quedó embarazada se alejó. José contactó a Albornoz quien aceptó hacerse el examen de ADN cuyo resultado dio negativo. Impulsado por haber recuperado su identidad, no pierde las esperanzas de saber quién es su padre de sangre.

José tiene una hija de 23 años de su primer matrimonio pero que no ve hace un tiempo. “A ella esto que he logrado le repercute porque también tiene que ver con su identidad. Sé que en algún momento nos volveremos a encontrar”. En 2017 se casó por segunda vez, “tengo dos hijos del corazón y tres nietos”.

Agradece a su abogado Daniel Vergez por haber tomado con compromiso la causa ya que, según afirma, ninguno de los organismos de derechos humanos ante los que se presentó “tomaron mi caso porque no correspondía a los años de la dictadura militar”. "Estuve buscando la nulidad de esa acta de nacimiento porque fue una adopción ilegal. La pelea fue por mis derechos, saber y conocer la verdad”, sostuvo.

Ahora espera ansioso tener su nuevo documento de identidad con su verdadero nombre. “Será un placer hacer ese trámite”, concluye sin poder ocultar su felicidad después de tantos años de lucha.

"Ojalá muy pronto pueda abrazar a mi madre"

“La noticia me dejo atónita, debido a mi desconocimiento de su existencia. Tenía la imperiosa necesidad de presentarme espontáneamente a los fines de colaborar en la búsqueda de la verdad para mí y para él también”, declaró en agosto del año pasado Estefanía del Carmen Urrutia ante el Juzgado de Familia 1 de Neuquén por la causa iniciada por quien, hasta ese momento, no sabía que era su hijo biológico.

Treinta y siete años después de aquel nacimiento ocurrido un 15 de abril de 1972 en el paraje Pichinco de Barrancas, Estefanía y José se encontraron por primera vez. Para Estefanía ese bebé, “fruto de una relación fugaz”, había nacido muerto y sus restos estaban enterrados en el cementerio de Buta Ranquil, como le aseguraron sus familiares luego de dar a luz.

José Gustavo Urrutia recién conoció a su madre biológica en 2009, a los 37 años. Ahora espera reencontrarse "no digo para recuperar el tiempo porque ya pasó, pero sí tratar de tener una buena relación con ella".

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“A ella la conocí en 2009 por intermedio de Juan del Carmen Urrutia, un tío de Rincón de los Sauces, con quien fue el primero que me contacté cuando empecé la búsqueda de mis orígenes. Recuerdo que cuando le expliqué este tío me dijo ‘Pensábamos que estabas muerto’”, explica. Agrega que cuando vio la foto de su madre, se reconoció, “eramos iguales”.

“Imagínate lo fuerte que habrá sido para ella verme ya que le habían mostrado una tumba y le dijeron que yo estaba enterrado ahí”, aclara. José mantiene la esperanza de reencontrarse con su madre. Pero sabe que para ella no será fácil. “Entiendo el proceso que pueda estar pasando ella. Además estuvo complicada de salud por el Covid. Ojalá se pueda dar ese reencuentro, ese abrazo entre madre e hijo. No digo de recuperar el tiempo porque ya pasó, pero sí tratar de tener una buena relación con ella”, describe.

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