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La Mañana

“Hoy Guglielminetti está condenado, y yo estoy al lado de mi papá que siguió su vida”

Lo afirmó Candela Balbo, hija de Orlando, tras conocerse el fallo del Tribunal sobre "La Escuelita II".

Por Pablo Montanaro

La joven, que desconoce el rencor y la venganza, recuerda cómo vivió el martes de la sentencia.
 
Neuquén >
Habían pasado apenas unos minutos de las 8 del martes 6, cuando el presidente del Tribunal Oral Federal Nº1 de Neuquén, Orlando Coscia, anunció la condena a 12 años de prisión para Raúl Antonio Guglielminetti, “por considerarlo autor penalmente responsable del delito de asociación ilícita y partícipe necesario de los delitos de privación ilegal de la libertad agravada por el empleo de la violencia, casos Balbo, Kristensen y Rodríguez…”. En ese momento, Candela Balbo, la hija de Orlando “Nano” Balbo, escribió en un papel el número 12 y se lo mostró a su padre, quien perdió la totalidad de su capacidad auditiva en las sesiones de tortura que comandaba y ejercía precisamente el ex agente civil de Inteligencia.
El llanto desconsolado de Candela, abrazada todo el tiempo a su padre, se mezcló con la bronca e indignación de un público que quedó devastado por el veredicto a 21 imputados por delitos de lesa humanidad ocurridos en la región durante la última dictadura militar. Sentencia que, como en 2008, condenó con penas altas a los ex jefes militares –aunque lejos de las solicitadas por las querellas–, leves para quienes participaron del plan criminal de desaparición y torturas, y absoluciones para los policías de la provincia de Río Negro.
“Cuando escuché los 12 años para Guglielminetti no lo podía creer, dije ‘A mi papá lo dejaron sordo para toda la vida y a este tipo le dan 12 años’; sentí una gran injusticia. Me imaginaba una condena más alta, yo quería perpetua, 25 años, y me quedaba corta”, comentó esta joven de 18 años a La Mañana.
Confiesa que le dio mucha indignación, que quería gritar “un montón de cosas”, pero a días de la sentencia considera que hay que destacar “que hubo condenas, no las que pretendían las querellas, los sobrevivientes y los familiares de las víctimas. Ahora sí la gente sabe lo que estos acusados hicieron y también saben cómo es hoy la Justicia en el país”. Palabras similares a las que dijera su padre antes de la lectura de la sentencia: “Los juicios sirven para que la sociedad sepa parte de la verdad, para que no exista el olvido. Ya están condenados”.
Además, mostró su bronca por las ocho absoluciones que lograron los policías de la provincia de Río Negro y dice: “Aún no me cierra” que le hayan dado 10 años a Antonio Camarelli (quien fue jefe de la Comisaría Cuarta de Cipolletti), “casi tanto como a Guglielminetti”.
Agrega que le gustó ver a este último sentado en el banquillo de los acusados. “Pienso que hoy Guglielminetti está ahí, condenado, y yo estoy al lado de mi papá que siguió su vida. Uno cosecha lo que siembra. No me interesa una venganza, pero sí quiero que sea juzgado para decir se hizo justicia y que lo que pasó hace 36 años no quede en el aire”, reflexionó.
 
Siempre cerca de la verdad

Candela, quien decidió comenzar el próximo año la carrera de Psicología en La Plata, aseguró que desde muy chica supo lo que pasó con su padre, quien fue detenido el 24 de marzo de 1976 en un operativo comandado por Guglielminetti, quien también lo torturó en dependencias de la Policía Federal de Neuquén. “Mis padres nunca me ocultaron nada, de muy chica me explicaron que mi papá quedó sordo porque lo metieron preso, me lo fueron contando naturalmente. Recuerdo reuniones de mi papá con otras personas y él contándoles lo que le había pasado durante la dictadura, hablaba de la picana, de los golpes, y así fui incorporando su historia”, explicó.
No puede ocultar su emoción al recordar aquel 18 de abril cuando su padre ingresó al Salón Verde de AMUC aplaudido por los que allí se convocaron para escuchar el testimonio del primer testigo que declaraba en este juicio. Declaración que fue una clase de lucidez y justicia. “Lo que declaró mi papá lo escuché toda mi vida, me lo conozco de memoria”, dice con una sonrisa aunque admite que ese día estaba preocupada por la salud de Orlando. “Los chicos de mi generación pudieron interesarse e integrarse a todo lo que hace a un juicio de estas características, ahora todos saben lo que pasó en la dictadura y comprendieron cómo funciona la Justicia”, señaló.
Candela no sabe lo que es el rencor ni la venganza, pretende que haya justicia y no acepta que los acusados de delitos de lesa humanidad mantengan el pacto de silencio, se defiendan con que cumplían ordenes, “porque si cumplían órdenes tienen que decir quiénes fueron, dónde están, qué les pasó a los que desaparecieron, y eso ayudaría a respaldar el testimonio de las víctimas. El cartel de acusado ya lo tienen”.