Japón.- Una japonesa de 70 años acaba de ser condenada a muerte por asesinar a tres de sus esposos e intentar matar a un cuarto. El nombre de esta viuda negra nipona es Chisako Kakehi y su apodo es “la envenenadora”, porque usaba cianuro para asesinar a sus hombres. Con esta práctica logró amasar una fortuna gracias a las herencias que iba cobrando. “Hizo que las víctimas bebieran un compuesto con cianuro con intenciones homicidas en los cuatro casos”, declaró la jueza Ayako Nakagawa del tribunal de Kioto, donde se celebraba el juicio contra Kakehi.
Los tres asesinatos y el intento de homicidio fueron premeditados y “bien preparados”, añadió la jueza, que dijo no “haber tenido otra opción” que enviar a la acusada a la horca por esos hechos. Kakehi no mostró ninguna emoción al oír el veredicto. La mujer, que lleva un aparato auditivo, le había pedido a la jueza que hablara fuerte. La Justicia rechazó los argumentos de los abogados de la defensa, según los cuales la mujer sufría “demencia” y no era penalmente imputable. Si bien el año pasado varios exámenes médicos confirmaron que Kakehi sufría demencia, al ser esta en estado precoz, pudo ser juzgada como una persona sana.
La fiscalía aseguró que la viuda negra matara una vez que los hombres la ponían como legítima heredera, llegando a juntar casi nueve millones de dólares en dos décadas entre dinero en efectivo y propiedades. Lo curioso es que perdió buena parte de lo heredado en malas operaciones financieras ruinosas hasta que fue detenida en noviembre de 2014. Desde la muerte de su primera pareja, en 1994, mantuvo relaciones con varios hombres, de los cuales seis fallecieron, llegándose a casar con cuatro de ellos a los que había conocido mediante agencias matrimoniales que se los presentaban con algunas condiciones que ella ponía: debían ser hombres mayores, ricos, sin hijos y que vivieran solos. Para la jueza Nakagawa, Chisako Kakehi mataba “por amor... al dinero”.
9 millones de dólares cobró en herencias
En 20 años, Chisako Kakehi tuvo decenas de parejas de las cuales seis murieron. Con cuatro se casó. Los conocía por una agencia matrimonial y pedía que fuesen viejos, ricos y sin hijos.
“Moriré con una sonrisa”, declaró
Durante el juicio, la acusada negó desde un principio las acusaciones. Aunque en julio sorprendió al confesar el crimen de uno de sus esposos: “Lo maté porque le daba decenas de millones de yenes a otras mujeres y a mí nada”. Luego de esto, declaró ante los jueces que estaba lista para afrontar la pena de muerte. “Aunque me ejecuten mañana, moriré con una sonrisa”, aseguró. Sus abogados decidieron, no obstante, apelar la decisión del tribunal de Kioto con la expectativa de alargar este caso.
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