La adicción y la violencia
Un joven adicto concurrió a un kiosco narco que frecuentaba para adquirir droga. El muchacho no era pagador, entonces le cancelaron la cuenta y no le dieron la droga. El grado de abstinencia lo estaba volviendo loco, porque eso es lo que sufren y padecen los adictos que no son tratados por profesionales; entonces en ese momento inició una discusión que terminó mal, como todo lo que está vinculado a la droga.
El dueño del kiosco narco, que tal vez la Policía no sabía que ahí funcionaba uno, aunque todos los vecinos de la zona estaban al tanto, salió con una pala. Sí, una pala de esas con las que se arregla el jardín, se hacen pozos y tumbas también.
Al muchacho, que no paraba de prometer que pagaría y de ser necesario hasta seguramente saldría a robar, el narco le pegó con la pala en la cabeza. De acuerdo con el detalle que se dio en la formulación de cargos, “le dio tres golpes, quebrando la pala en tres”. Así puso punto final a la discusión y dejó claro, para el resto de los clientes, que en ese kiosco no se fía.
El joven adicto terminó muriendo en el hospital al día siguiente, su cráneo presentaba varias fracturas y pérdida de masa encefálica. El narco fue identificado, detenido, acusado de homicidio simple y está con preventiva por cuatro meses para que no entorpezca la investigación.
Claro está que el problema de fondo es la droga. Los kioscos narco pululan en toda la ciudad. Hoy, conseguir droga es sumamente sencillo.
La pregunta es: ¿las autoridades no se dan cuenta o miran para otro lado? Porque, a decir verdad, el consumo atraviesa a las clases sociales. ¡Muchachos, no nos engañemos!
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