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La Mañana Columna de Opinión

La cárcel como la única casa

La falta de una casa, de contacto familiar, de un trabajo estable y de ayuda estatal lo complicaron.

Un nuevo crimen en un paraje del interior neuquino dejó expuesta la situación de vulnerabilidad del presunto asesino. Es analfabeto, está en situación de calle y vive de changas como cuidado de animales o trabajos como sogas y cueros. Su falta de una vivienda donde quedarse, sin contacto con familiares ni asistencia del Estado, terminó por dejarlo detenido por 15 días a la espera de que su defensor pueda conseguirle una casa.

La situación de vulnerabilidad fue planteada en la audiencia donde el hombre de 60 años fue acusado de asesinar a quien le prestaba una piecita para dormir desde que arrancó la pandemia. La fiscal brindó la teoría de lo sucedido entre la noche del lunes y la mañana del martes, hasta que cerca del mediodía de ese día, el propio acusado se acercó hasta unos gendarmes y confesó el crimen.

La defensa aceptó los hechos en esta etapa provisoria, aunque dejó entrever que se trató de una autoincriminación que luego se debatirá. Sin embargo, el debate sobre la forma de vida del acusado cuando la fiscalía solicitó que quedara detenido por no tener arraigo al no tener casa. Incluso presentó testigos que así lo acreditaban.

Fue en este punto que el defensor expuso la situación de vulnerabilidad y de calle de su asistido. Dijo que no tener casa no significaba que se fugaría, ya que incluso se entregó a las autoridades. Sin embargo, confió que no pudo ubicar a ningún familiar y que aún no pudo gestionar recursos del Estado para darle un lugar y así subsanar el riesgo.

Sin más, la jueza consideró que por el delito en cuestión, un homicidio, tenía que poder ser encontrado y no quedó más alternativa que dejarlo detenido. Fijando así un calabozo como la única casa para ese hombre.