La comarca al rojo vivo

En la comarca ya hubo ocho asesinatos en lo que va del año por la escalada de violencia y cruces entre bandas.

Los reclamos en la comarca petrolera tras el crimen de Luciano son una reacción a un fenómeno social que se ha naturalizado y sobre el cual no hay una respuesta concreta: armas y drogas.

Hoy se toma casi con naturalidad que en todos los barrios de Neuquén y en todas las localidades del interior se comercialicen drogas, y ha crecido en forma estrepitosa el consumo de cocaína, dato que queda a la luz cada vez que hay un golpe a un kiosco narco.

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A esto se suma que cualquiera –hace años que viene pasando– puede conseguir un arma. De hecho, en 2014 nos propusimos conocer cuán fácil era conseguir una 9 milímetros en el mercado negro y en tan solo un par de horas, haciendo unas llamadas, nos ofrecieron una por dos mil pesos.

Este combo de drogas y armas fue el que terminó matando en plena calle a Luciano, que estaba a unos 300 metros de donde se efectuó el disparo, andando en bicicleta y disfrutando de la compañía de su tío.

Sin dudas, fue un hecho desgraciado. Pero los vecinos de la comarca, que están acostumbrados a aguantar de todo, esta vez hicieron una pueblada como cuando mataron a un remisero, también de un tiro en la cabeza, en noviembre de 2014.

Cinco años después, allí ha crecido el consumo y la venta de droga y el uso de armas de fuego.

Históricamente, en la capital neuquina la cantidad de crímenes era, por lejos, superior a la del interior de la provincia. Hoy la comarca está palo a palo con la capital: van 8 crímenes producto de una escalada de violencia y enfrentamientos, en algunos casos de grupos vinculados al narcotráfico.

El diagnóstico de lo que ocurre todos lo saben, es hora de comenzar a implementar las respuestas sin importar el color político.

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