En el 2001 la presencia de las mujeres y la diversidad en el lenguaje colectivo era inexistente. Tampoco se hablaba de femicidios y lejos estaba el derecho de matrimonio entre personas del mismo sexo. Ni hablar del reconocimiento de las personas trans como parte de la sociedad y no en los márgenes. Las mujeres se organizaban en las “secretarías de igualdad de oportunidades” de los sindicatos y en Neuquén empezaba a formarse incipientemente La Revuelta, una de las organizaciones feministas más importantes de la región. La crisis del 2001 marcó un antes y un después en la historia argentina, pero fue una nueva página para la lucha de las mujeres.
“Mirándolo hoy a la distancia, coincido con esas investigadoras feministas que plantean que el 2001 fue un punto de inflexión para los feminismos porque empieza el germen del feminismo popular”, comienza diciendo Ruth Zurbriggen, fundadora de La Revuelta, cuando empieza a rememorar las demandas y los primeros caminos que tomaba el movimiento de mujeres hace veinte años en Neuquén, en plena convulsión social.
“En ese proceso nos metimos fundamentalmente las mujeres de sectores populares y la apuesta fue por llevar parte de la agenda feminista allí, que para mí estuvo vinculada sobre todo con la salud sexual y la salud reproductiva”, puntualiza, y agrega la problemática de la violencia -en aquel momento identificada como doméstica o familiar- como otra de las temáticas fuertes a las que apuntaban.
“Si bien fue incipiente ese proceso, ahí se empezó a armar la convicción de que era muy importante no perder esa oportunidad para instalar temas de agenda que ya se venían trabajando desde los feminismos pero que todavía no tenían arraigo más extendido”, consideró la activista. Y aclaró que aunque los años posteriores no fueron la extensión de lo ocurrido en 2015 con el Ni una menos, sí había “hechos fundamentales” como el Encuentro Nacional de Mujeres, que en el 2001 realizó su edición número 15 en La Plata.
“En 2001 no había Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, o sea, no había ley que garantizara esos derechos. Entonces, algo de este tema se fue instalando para que pocos años después fuera parte de la agenda del Ministerio de Salud encabezado por Ginés García. Me parece que esa relación de los efectos que tiene después en las herramientas legales, la movilización popular, cuando se logra insistir y convencer y exigir y hacer oír la demanda, me parece que es importante. Ahora, no es que eso era lo más extendido. La crisis desatada en 2001 tuvo que ver con la sobrevivencia, o sea, el hambre, el hambre de amplísimo sectores y sectores de la clase media con otros problemas vinculados a las medidas del gobierno. Y todo el proceso de inflación que vivíamos y toda esa sensación de no saber qué iba a pasar mañana. La existencia puesta ahí entre signos de pregunta”, expone.
¿Y las mujeres trans?
Para muchas mujeres trans o activistas travestis, el 2001 también significó un quiebre. “Nunca más me sentí sola después del 2001”, reconoció Marlene Wayar en una entrevista. Y sus palabras se hacen presentes en los recuerdos de Ruth Zurbriggen al pensar en el propio camino de activismo recorrido por La Revuelta.
"En ese proceso asambleario, en algunas ciudades más que en otras, también jugaron un rol importante sectores de travestis, compañeras travestis organizades que de alguna manera también representan ese sector de tanta vulnerabilidad. Entonces estaba esa sensación de que algo empezaba a oírse. Si no pensamos esos acontecimientos donde hubo cierta intervención, es medio inexplicable el momento actual. Y el momento actual no es el efecto de fuga de algo que surge en el momento: hay que construir ese algo”, señala.
En su andar, el feminismo de La Revuelta se vio interpelado por el activismo travesti. “Nosotras lo tenemos escrito, pensado reflexionado: nuestra existencia como colectiva cambió cuando conocimos a Lohana Berkins, no por Lohana en sí sino por su pensamiento, por lo que nos ayudó a reconocer la problemática en relación a los cuerpos, a la clase, a la racialización de la vida”, reconoce Zurbriggen. "Amplió los horizontes para pensar un montón", asegura.
Y advierte que, en ese contexto, también hubo un cuestionamiento a la política partidaria y sus modos de representación política, y “ese cuestionamiento también vino de parte muchos sectores de la población, pero también las mujeres y ciertos feminismos jugaron un rol” para poner en discusión “la falta de horizontalidad, la falta democracia y la falta de participación”.
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