¿La cultura de la pirotecnia?

A esta altura del partido, uno no logra entender si la prohibición del uso de la pirotecnia en Neuquén está bien o mal aplicada. Los estruendos de las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, aunque mucho menos intensos que en años anteriores, desnudaron la falta de controles y el comercio ilegal que hay en la ciudad cada vez que llegan estas celebraciones.

Sospechan que el mayor caudal de productos clandestinos provino de Cipolletti, ciudad donde sí está autorizada la venta, aprovechando que por los puentes carreteros prácticamente no existen inspecciones que puedan frenar el contrabando de este tipo de mercaderías.

Por lo bajo, tanto las autoridades municipales como provinciales coinciden en que se trata de una pauta cultural que con el tiempo irá desapareciendo. “Cuando se prohibió fumar en lugares públicos, muchos decían que sería imposible y hoy todo el mundo acata esta disposición”, confió una fuente del municipio.

En efecto, en numerosos sectores de la ciudad prácticamente no hubo explosiones con los primeros minutos del año nuevo, mientras que en los barrios más populosos, el cielo se iluminó como en las épocas en las que no había ningún tipo de prohibición.

Que hubo menos pirotecnia, no hay dudas. En las guardias de los hospitales atendieron sólo dos casos y la mayoría de las asistencias estuvo vinculada con accidentes domésticos o hechos de violencia.

Lo que todavía no se sabe es si esta disminución gradual se irá incrementando con el tiempo o si esta rebeldía a la prohibición se mantendrá a modo de resistencia, más allá de las leyes y aprovechando la laxitud de los controles.

Hay quienes creen que en poco tiempo más el uso de la pirotecnia sólo será un recuerdo en la ciudad de Neuquén.

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