"La gráfica y La radio no te alteran la vida, la tele te arruina"

Chiche Gelblung. Mirada. Pionero de un periodismo que fue muy criticado y que hoy se reivindica, asegura que lo suyo es un juego de niños comparado con la "sangría" actual.

Paula Bistagnino - Especial

Más de 50 años de periodismo y la mitad en televisión, Samuel Chiche Gelblung sigue siendo protagonista en los medios: mientras proyecta el viejo sueño de tener un diario de papel –sí, en 2019-, hace radio a la mañana en Rivadavia, y tele en Crónica y en América desde la mesa de Polémica en el bar. Pero reniega del medio y agradece haber llegado “tarde”, cuando tenía ya 50 años: “La gente no sale igual de la televisión. A mí no me afectó tanto porque a mí me agarró de grande, pero si me hubiera agarrado joven me hubiera dado vuelta la cabeza, como se la da vuelta a mucha gente”, dice el periodista, que fue parte de los comienzos de La Mañana del Sur en Neuquén, a pedido de su amigo Julio Ramos, entonces dueño de Ámbito Financiero.

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¿Cómo estás hoy en la tele?

La televisión es algo que nos atraviesa a todos. Todo en la vida pasa por la televisión, como espectador y como protagonista. Y yo estoy hace 25 años ahí, es parte de mi vida. Pero la verdad es que yo la veo cada vez peor. Es una especie de sangría excesiva para mi gusto. Es como que ya casi no tiene límites. A nosotros nos criticaban por audaces, pero si ves aquello parecía un programa infantil comparado con esto. No hay una relación perfecta entre la televisión y quienes la hacemos. Al menos no es así para mí. Yo lo sigo viendo, y cada vez más, como un medio complicado.

¿Para los que la hacen o para los que la miran?

Para todos. Es un medio que enloquece a los que lo hacen y a los que lo miran. A las dos partes. Porque a los que la miran también. Pero creo que a los que la hacen les da vuelta la vida. Porque es un juego peligroso y quien llega joven no se da cuenta de eso. Yo cuando llegué ya tenía 50 años y un recorrido de vida como para estar bien plantado. La gráfica y la radio no te alteran la vida, la tele te arruina.

¿Viste a mucha gente arruinarse?

Sí, claro, un montón. Vi a gente que arruinó su familia, a su pareja, que se arruinó a ella misma. Desde cuando vas a un restaurante y sólo por ser el famoso el resto de las personas que están con vos se convierten en sombras, hasta la necesidad de permanecer. Es muy claro cómo se transforman las personas de lo que eran antes de la tele a lo que son cuando están. Y no te cuento cuando se quedan a un costado. No es demasiado complicado repasar quiénes terminaron mal…

En este momento, el Teto Medina, por ejemplo. Él es un producto de la televisión y, pobre, cuando fue perdiendo su lugar, le pasan las cosas que le pasan. Y termina internado.

Decías que hoy la televisión es una sangría. ¿Qué límites que para vos no deberían pasarse ya no existen?

Yo creo que los límites son los límites que tiene una persona para su vida. No hay límites para la televisión que no sean para la vida. Yo al menos me manejo así, con los mismos límites las 24 horas. Hablo de lenguaje, temáticas, definiciones, horarios. Porque yo veo tele y sacan muertos de las tumbas todos los días para hablar de su vida, de romances, de cualquier tema.

¿Te gusta la tele de panelistas?

Y, creo que es un problema de realidad económica y no de la televisión. Se impone el recorte. Es mucho más barato hacer un programa de panelistas que otro formato. A mí no me molesta, porque imaginate que a mí me dieron un Martín Fierro por ser panelista. Pero bueno, se nota la crisis.

¿Seguís trabajando tanto porque necesitás la plata o porque eso te mantiene activo?

Siempre trabajé mucho. Nunca me molestó, no me molesta ni me cansa. Y lo hago por todas esas razones. Porque me da energía, porque me da plata, porque me mantiene vigente. Y si uno deja de trabajar se muere de aburrimiento o de depresión. Pero no yo, cualquiera. Además en Argentina, quién puede dejar de trabajar.

Tenés muchos años en los medios y no has tenido denuncias como muchos otros colegas. ¿Eras consciente del machismo alrededor y qué pensás de que empiece a hablarse?

Por suerte no tengo, pero no tengo porque no hubo motivos. Más allá de eso, creo que hoy hay como una sobredosis de denuncias y una hipersensibilidad con el tema. Pero con eso no quiero decir que no exista. Siempre existió y siempre todos supimos que existía. A mí no me pasó ni me va a pasar porque jamás mezclé las cosas. Dirigía Gente y todo el mundo fantaseaba con las tapas y para mí era lo último. Ni las miraba ni me metía en quién era la tapa. Así era ahí y así era para mí. Creo que si sos periodista y usás el medio para tener sexo, sos un tarado. Pero bueno, está lleno, no escasean.

¿Cómo recordás a Héctor Ricardo García?

Creo que al final se le hizo más justicia que en vida. Que hoy se lo reconoce. Para mí siempre fue un genio de la comunicación, un tipo que tenía una audacia sin límites, que marcó la historia del periodismo argentino. Pero que vivió siendo criticado por amarillo y todas estas pavadas que se le han dicho. Por suerte, ahora, dejaron de endilgarle eso.

Vos también sufriste esas críticas…

Sí, pero jamás me importaron. Porque además muchas veces me criticaban en público y me felicitaban en privado.

¿Hasta cuándo va a durar “Polémica en el bar”?

Creo que es un formato que con más de medio siglo está vigente todavía, que es muy argentino y que es genial porque también es barato de hacer y llega al público. Así que larga vida.

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