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La Mañana pinot noir

La historia de película del Pinot Noir, el vino que baila en tu paladar

Sus raíces son tan antiguas que ya los romanos lo cultivaban, cobra relevancia en la Edad Media y fue el cine el que le dio fama.

¿Puede algo simple ser glorioso? ¿Puede una película cambiar el destino de un varietal? ¿Puede un noble prohibir una uva para que planten su favorita? ¿Puede una botella valer 500.000 dólares? ¿Puede un vino bailar en tu paladar? La respuesta es sí y solo el Pinot Noir puede provocar tanto fanatismo desde el fondo de los tiempos.

Sus raíces son tan antiguas que ya los romanos lo cultivaban. Sin embargo, su fama comienza a desarrollarse en la Edad Media. Carlomagno era tan fanático del Pinot Noir que mandó a plantar sus tierras con esta uva. Tanto quería ese tinto que lo bebía a diario. Sin embargo, Carlomagno se volvió viejo, su barba rubia ya era blanca y su pulso no era el mismo de antes.

Cuando bebía solía mancharse la barba y su esposa juzgaba eso algo impropio del emperador más poderoso de Europa. Le recomendó abandonar el vino y él decidió dejar… el tinto. Hizo reemplazar todas sus vides de Corton-Charlomagne por Chardonnay y así no manchar su barba. Su conocimiento le permitió entender que donde crece bien el Pinot Noir, crece bien el Chardonnay, como en Champagne o nuestra Patagonia.

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El prestigio que fue ganando esta uva, tan sabrosa como delicada y exigente, llevó a que un caluroso 31 de julio de 1395 el Duque de Borgoña prohibiera por decreto a otra cepa: el Gamay. Felipe II el Audaz, firmó un edicto que pedía la erradicación total y definitiva de la uva Gamay y que fuera reemplazada por Pinot Noir. Los campesinos protestaron (imaginen lo que duraba una protesta en la Edad Media) porque el Gamay era más fácil de cultivar y daba mejores rendimientos, además de que los cultivos tardarían varios años en volver a dar fruta. Sin embargo, el duque no gustaba de esos vinos, más rústicos, y cumplió su capricho hasta el final. Hoy, esas tierras de la Cote d’Or son el corazón de la Borgoña (Bourgogne), el hogar de los Pinot Noir más famosos del mundo y cabría preguntarse qué hubiera pasado si el duque no emitía su polémico edicto.

Fanatismo y escasez son lo que hacen que los vinos de Borgoña valgan tanto. Una de las 6.000 botellas anuales de Domaine de la Romanée-Conti sale al mercado con un valor de alrededor de 20.000 dólares, pero añadas específicas y con algunos años de guarda han alcanzado el medio millón. Así se explica que haya tantos falsificadores pululando por el mundo y haciendo de las suyas en subastas. El más famoso de ellos en la historia contemporánea es seguramente Rudy Kurniawan que, apoyándose en su conocimiento y refinado paladar, vendió unas 10.000 botellas adulteradas provocando un daño de más de 30 millones de dólares. Entre los más falsificados estaban los mejores Pinots de la Borgoña, por supuesto, y su historia se puede ver completa en el documental “Sour grapes”.

Otra película importante en la historia del Pinot Noir es “Sideways” (Entre Copas en los países de habla hispana). Miles es un apasionado del vino que lleva a su amigo Jack a recorrer bodegas como “despedida de soltero”. Antes de asistir a una cena pronuncia una de las frases más recordadas de la película: “Si alguien pide Merlot, me voy. No pienso tomar ningún maldito Merlot”. La frase y algunos comentarios más de Miles en esta multipremiada comedia hicieron caer las ventas y el precio del Merlot en EE.UU. así como aumentar muchísimo la demanda de Pinot Noir, especialmente los de alta gama. Los bodegueros norteamericanos habían explotado la fama del Merlot al punto de bastardearlo y la película fue la estocada que necesitaba para ser cuestionado y destronado.

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Dentro de la cultura popular, no solo el cine se ocupó de estos vinos. En el manga japonés “Las gotas de Dios” dos hermanos compiten entre sí para identificar y probar 12 vinos que les permitirán acceder a la bodega privada de su fallecido padre. Obviamente, un Pinot famoso no podía faltar y la protagonista descorcha un Richebourg 1999 que la transporta inmediatamente a un campo de flores. La imagen es una de las mejores que se ha visto para transmitir las sensaciones de un vino.

Algo difícil, en especial con este varietal que tiene la característica particular de ser sensible a las mutaciones y la influencia del terruño. Por ejemplo, en nuestra Patagonia los fuertes vientos favorecen a que crezca una piel más gruesa y, por lo tanto, tendremos más color y estructura. La selección de ciertos clones, combinados con esta particularidad, da vinos de aromas complejos, frutados y profundos que muestran su identidad.

Por su estilo ligero, elegante y el misterio que lo envuelve nunca perdió vigencia. La crítica de vinos Jancis Robinson, una de las más influyentes del mundo, describió al Pinot Noir como una cepa que “baila en el paladar en lugar de dominarlo”. A diferencia de otros varietales que nos llenan la boca con sus voluptuosidades, es juguetón, coquetea con nuestras papilas y se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los más nobles y prestigiosos.

https://twitter.com/Vinarquia/status/1399899641903210503

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