La ignorancia y el rigor

Mientras el médico Abel Albino arremetía con su discurso medieval y afirmaba que el preservativo no protege el contagio del virus del VIH, a más de 11.400 kilómetros de Buenos Aires el científico argentino Pedro Cahn presentaba en Amsterdam un estudio que demuestra que un régimen de dos drogas tiene una eficacia similar a la terapia usual -que combina tres- en pacientes que nunca recibieron tratamiento, independientemente de la carga viral que presenten cuando lo inician.

La cruzada antiaborto que desplegó el director de Conin, y asesor de Cambiemos, en el plenario de comisiones que trata el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo no dejó de lado expresiones que minimizaron a las más de tres mil mujeres muertas -desde el regreso de la democracia- como consecuencia de la clandestinidad del aborto y lo contrarrestó con los 20 millones de argentinos que no tienen cloacas.

Al asegurar, sin fundamento científico, que el preservativo no protege de nada porque el “Sida atraviesa la porcelana”, lo que buscó Albino fue instalar el miedo en la población, incitar a que la gente no use el preservativo, algo riesgoso no solo por el Sida sino porque puede provocar una epidemia de enfermedades, como la hepatitis, y las viejas infecciones de transmisión sexual, como la sífilis, cuyos casos se triplicaron en la Argentina entre 2011 y 2017.

Cahn, director de la Fundacion Huésped, fue crítico con los médicos que afirmaron que no harán abortos si se aprueba la ley. Y recordó la objeción de conciencia que muchos practicaron con las personas que tenían VIH en el inicio de la epidemia.

Los dichos de Albino minimizan a las más de 3 mil mujeres muertas por abortos clandestinos desde 1983.

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