La maquinita de billetes

Cuando faltaba papel para imprimir Anaya daba la orden de ponerles más ceros a los nuevos billetes.

El 20 de noviembre se cumplen 128 años de la designación de uno de los gobernadores más pintorescos y polémicos que tuvo el territorio de Neuquén en toda su historia: Justo Sócrates Anaya.

Este militar tucumano, nacido a mediados del siglo XIX, había sido nombrado por el presidente Carlos Pellegrini para reemplazar a José Manuel de Olascoaga, luego de una extensa carrera en el Ejército.

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Nadie imaginó nunca que el flamante gobernador tomaría medidas desopilantes durante la gestión, que duró menos de cuatro años precisamente por la extraña manera de administrar los recursos y fijar políticas para los destinos de los habitantes de este rincón de la Patagonia.

Fueron varias las medidas que causaron malestar en el gobierno nacional, pero hubo una en particular que selló su destino.

Por aquel entonces, la moneda chilena era la que más circulación tenía en Chos Malal, debido a la proximidad con la frontera del vecino país y por las demoras que siempre tenían las partidas de pesos fuertes que enviaban desde Buenos Aires para pagar sueldos y para garantizar el funcionamiento del gobierno.

Cansado de hacer reclamos, Anaya tomó una decisión disparatada, que terminó costándole el puesto: la impresión de una moneda neuquina que competiría con el peso chileno y con las pepitas de oro, que en aquella época también tenían gran circulación.

Fue el presidente Luis Sáenz Peña el que le pidió la renuncia antes de que la “maquinita” siguiera funcionando y que comenzaran los primeros síntomas de una enfermedad desconocida que años después llamarían inflación.

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