La mochila que pesa en Rusia

Desde hoy y durante un mes nadie (directa o indirectamente) quedará librado del Mundial de Rusia que, con un presupuesto de 14 mil millones de dólares, es el más caro de toda la historia del fútbol.

Por unos días la grieta se cicatrizará. ¿Cuánto durará? Todo dependerá de la suerte de la Selección que ha sido tan cuestionada como el reciente acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

La grieta podría poner una pausa al enorme mar de fondo que generó el debate por la despenalización del aborto, la inatajable inflación y la resbalada sin fin de una moneda, el peso, que incluso terminó por hacer dudar a más de un hincha que embarcó para ver los partidos en vivo en los estadios rusos.

La atención mediática que supone este acontecimiento permitirá una tregua ficticia a un gobierno no menos atribulado que los argentinos que todos los días tienen que salir a la cancha sin saber siquiera si tendrán resto para jugar el partido de llegar a fin de mes con la menor cantidad posible de pelotas no atajadas.

Los 23 jugadores que partieron a Rusia lo hicieron con la pompa de los zares: viajaron en un lujoso avión ejecutivo, los esperó un predio para concentrar que no tiene nada que envidiarles a los de selecciones del primer mundo y muchos de ellos consiguieron fabulosos contratos publicitarios para los avisos que se pasan en los entretiempos.

Sin embargo, Messi y compañía no solamente cargan con una pesadísima mochila de tres finales perdidas en forma consecutiva. También lo hacen con una gigantesca ilusión popular de millones de argentinos con ganas de desahogar el desasosiego de un rumbo cada vez más incierto.

Messi y compañía se hacen cargo de una mochila que pesa más que tres finales sin gritar campeón.

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