La oposición, en la chiquita

Hay debates grandes y otros pequeños. La oposición en Neuquén no puede encontrar un rumbo claro y construir un discurso que atraviese la hegemonía del MPN, que hoy se mece de izquierda a derecha, atravesando épocas y líderes nacionales. Hace 20 años, en la comarca petrolera de Cutral Co y Plaza Huincul se comenzaba a dibujar la forma de una oposición rebelde, con sello propio, a la sombra de los masivos despidos de YPF que dejaron a un pueblo con 3500 desocupados en la calle. Se lo llamó el Cutralcazo y durante una semana, miles de vecinos salieron a la calle y se enfrentaron no sólo al partido provincial, sino a la Nación. De ese escenario emergió Ramón Rioseco, el ex intendente de Cutral Co, con pasado piquetero. Desde entonces, y sobre todo en los últimos años, la oposición neuquina quedó dividida más por prejuicios y construcciones de sus dirigentes que de sus militantes y seguidores. El caso más elocuente sucedió en las últimas elecciones, en las que el kirchnerismo provincial (que había ganado las elecciones legislativas de 2011) se fracturó en dos partes. Darío Martínez, el candidato del peronismo (o Unidad Ciudadana) sacó el 19,31% y 72.777 votos y Rioseco el 18,09% con 66.175 sufragios. Nada indica que los sectores pierdan electorado. Lo curioso es que la base ideológica es parecida, más allá de las chicanas dirigenciales. ¿En serio alguien puede pensar que Rioseco es macrista? En ese mundo donde es más fácil hacer ruido, buscar el acomodo de los tres o cuatro cargos legislativos en juego, lo difícil es sentarse con sinceridad a puertas cerradas y arreglar las cosas. Ese es el debate chico. El grande es pensar en serio un modelo opositor para la provincia.

Mientras el país va camino a un escenario complejo, en Neuquén a la oposición no la une ni el espanto.

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