El clima en Neuquén

icon
18° Temp
59% Hum
La Mañana

La ortodoxia económica

Desregulación y apertura económica. El pensamiento único triunfó a partir de los 80 como la antesala del neoliberalismo. Amparado en la escuela neoclásica, se extendió por el mundo y aún hoy sostiene una posición dominante en los principales foros internacionales.

Por Humberto Zambon

Actualmente se entiende por ortodoxia económica al conjunto de teorías, explicaciones y recomendaciones de política económica vinculadas con el neoliberalismo, lo que fue el pensamiento único en los años 80 y 90 del siglo XX, que sigue con posición dominante en los principales medios académicos y en los organismos internacionales, como el FMI, y que se plasmó en recomendaciones concretas como el denominado Consenso de Washington, que se impusieron a los países del tercer mundo. La Argentina de los '90 y principios de nuestro siglo fue un laboratorio privilegiado de esta concepción y, como tal, fue presentado al mundo.
La base da la ortodoxia está en la escuela neoclásica, que ya repasamos en esta columna y que fue el paradigma dominante desde 1870 hasta la crisis de los años 1930. La falta de respuestas de la teoría económica a la profunda recesión mundial de esa década produjo su descrédito y llevó a su reemplazo por un nuevo paradigma, el keynesiano, que se tornó dominante a partir de la segunda guerra mundial: fue la época del estado de bienestar y de crecimiento económico generalizado.
En los años 70, con la crisis de petróleo y la estanflación, se empezó a cuestionar la intervención del estado en la economía y se culpó al estado de bienestar por la desocupación creciente.  Lentamente se impuso la vieja idea que viene del siglo XVIII que el mercado es el mejor asignador de los recursos y se desprestigió a la intervención estatal. Desregulación, apertura económica, liberación se reinstalaron en la opinión pública. Fue el triunfo ideológico del neoliberalismo y la vuelta de la ortodoxia económica como concepción teórica dominante.


Sistema autorregulado
La idea central de la ortodoxia consiste en poner el acento en la oferta de bienes, es decir, en la producción. Es un análisis lineal que va de la producción al consumo, con un supuesto implícito, el que se cumple la llamada Ley de Say, aquella que sostiene que la oferta crea su propia demanda. Excepto una “tasa natural” de desocupación, consecuencia de los cambios tecnológicos, las modificaciones en las preferencias del público, las imperfecciones en el mercado laboral, etc., el sistema tiende por sí mismo a la ocupación plena; en estas condiciones, el estado no debería intervenir sino procurar que la “tasa natural” de desocupación fuera la menor posible.
En el sector producción se da el equilibrio que había desarrollado la escuela neoclásica o marginalista: producto marginal del trabajo = salario real y producto marginal del capital = retribución del mismo. Es decir, la distribución real de producto está determinada por las leyes objetivas de la economía; si el estado pretendiera modificarla deberá pagar un costo: la desocupación y una producción real menor que el potencial.


Plano monetario
Para la ortodoxia el plano monetario, al menos al largo plazo, es independiente del real. Conocido el nivel de producción y la distribución del producto real, el nivel general de precios queda determinado por la cantidad de moneda existente. Para Milton Friedman (1912-2006), conocido economista de Chicago, premio Nóbel en 1976, que tuviera enorme influencia en la política seguida por Pinochet en Chile (y también por Videla-Martínez de Hoz en nuestro país), consideraba que a corto plazo los agentes económicos pueden ser sorprendidos y engañados por un cambio en la política monetaria (por ejemplo, importante aumento del circulante), pero a largo plazo se descubre la verdad y ese aumento produce únicamente inflación. Algunos de sus continuadores (como Lucas o Edmund Phelps), con un planteo de expectativas racionales, consideran que tampoco a corto plazo la gente se deja engañar.
Para Friedman, la política monetaria ideal es la que hace crecer la oferta monetaria al mismo ritmo que el crecimiento del producto, para facilitarlo y que no se produzca iliquidez. Se declaraba partidario de un crecimiento monetario a tasa fija y preestablecida. Estaba convencido  de que uno de los grandes males de América Latina era el uso discrecional que hacían los estados de la emisión monetaria para financiar sus déficits, generando permanente inflación.
Con este criterio, el que la política monetaria a largo plazo no influye en la economía real y que el objetivo de la primera es mantener la estabilidad evitando la inflación, se explica la insistencia de la ortodoxia económica en mantener la independencia del Banco Central y la oposición a la reforma de su Carta Orgánica recientemente aprobada.
En el plano financiero, el libre mercado es el que determina la tasa de interés que equilibra las decisiones de ahorro e inversión. Tampoco en este plano se debe intervenir.
En resumen, la política económica ortodoxa consiste en la no intervención estatal, en evitar las interferencias en el libre mercado, en desregular.
La ortodoxia se afianzó en los medios académicos norteamericanos y fue Estados Unidos quien la impulsó por medio de los organismos internacionales. Sin embargo no la ha aplicado internamente. Al contrario, especialmente luego de la crisis del 2008, el estado ha aumentado su intervención y ha inyectado una enorme cantidad de dinero para tratar de evitar la profundización de la crisis en su economía real. Es una aplicación concreta del dicho español “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”.
Según el economista español Alfonso Vadillo, esto último está confirmado por “…las declaraciones de Paul Volcker y Lawrence Meyer (que ocuparon altos cargos en la Reserva Federal de USA) y de Joseph Stiglitz (Nóbel y ex presidente del consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca), quienes revelaron que en los EE.UU. continúa la regulación, mientras que la desregulación descubre su carácter de política de exportación (ideológica) para el consumo de otros mundos”.