La pileta, lo que más se disfruta en las colonias

Tres mil chicos de 6 a 12 años participan de las actividades en varios puntos de la ciudad.

MARIEL RETEGUI
reteguim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
Despabilados, locuaces e incansables, los chicos se calzan las gorras y las mochilas y se juntan alrededor de los profesores antes de ir a cambiarse para zambullirse en la pileta de la colonia de vacaciones municipal en el club El Biguá.

Más Del 25 de enero al 5 de febrero se desarrollará el segundo módulo de las colonias.

Los niños concurren de diferentes puntos de la ciudad e integran el primer módulo de los 3000 inscriptos en las colonias promovidas y solventadas por el municipio capitalino.

Están en la primera semana de la colonia y el entusiasmo por meterse al agua permanece intacto.

"Me gusta cuando nos metemos a la pileta a nadar y cuando jugamos a la mancha. También tenemos plástica, música y hasta cocina", dice Fabricio, acentuando las "eses" al hablar. Se apresura a hablar porque dice que quiere ser famoso. "Quiero ser famoso porque tengo un canal en Youtube donde subo juegos y quizás lo visiten más", suelta el pequeño.

Lucas, que viene del barrio Don Bosco II y no tiene más de ocho años, coincide en que lo que más le gusta de las actividades lúdicas y recreativas que le proponen los profes es disfrutar de la pileta.

"Cuando vengo sólo pienso en lo bien que la voy a pasar en el agua", dice sonriente.

El sol y la humedad se cuelan en los huesos y los chicos no están ajenos al tiempo. Miran por el rabillo del ojo a su alrededor y agradecen que no sea un día ventoso, porque de lo contrario se suspenderían las actividades en la piscina.

Están con sus toallones en mano, ansiosos por entrar al agua. Forman una fila en el acceso al perímetro de la pileta. Mascullan algo por lo bajo, se hacen bromas, a pesar de que hace poco que se conocen. Inquietos, se aprestan a entrar previo paso por la regadera, como si tratara de la largada de una carrera de 100 metros. Dejan a un costado las ojotas y ordenadamente se lanzan al agua.

Bajo el sol como aliado, entran en calor con algunos juegos y luego el profesor los organiza en un extremo de la pileta para aprender técnicas de natación como el crol.

Al unísono responden que la mayoría sabe nadar, pero son pocos los que van al río e incluso para algunos es la única posibilidad de meterse al agua en el verano.

Uno de los chicos se queja porque en los últimos días no los dejaron jugar a la pelota. "Es que sino no hacen otra cosa", responde una profesora.

Jazmín, que vive en el Área Centro-Este, interviene y apunta que juegan a la mancha pulpo, además reparten las horas entre actividades manuales con material reciclado, cantan y bailan.

Bajo la sombra, en un extremo del predio, el subsecretario de Juventud y Deporte, Ariel López, asegura que este año se incrementó en 500 niños el alcance de este programa que desde hace unos años lleva adelante el municipio. Para ello se amplió la logística, materiales, traslado y refrigerio. "Los chicos vienen de toda la ciudad, pero en su mayoría son del oeste. Pretendemos que cuenten con igualdad de oportunidades, sobre todo para aquellos que no tienen oportunidad de ir al río o pagarse una pileta privada de 3 mil pesos mensuales", señala el funcionario.

Además de las actividades propuestas, también se les brindarán talleres para que puedan aprender a separar la basura en origen, en consonancia con la metodología que impulsó recientemente el municipio para la recolección de residuos domiciliarios.

"Yo ya sé, en mi casa separo la basura húmeda de la seca. Y mi mamá le está enseñando a mi papá", dice una niña de ojos color miel ante la sonrisa de los adultos.

Mediante actividades lúdicas se les hará separar los residuos que ellos mismos generan en la colonia, no solamente para que los trasladen a sus hogares, sino también para crear conciencia del cuidado del medioambiente.

Lejos de mostrar cansancio en sus rostros, parecen estar listos para la siguiente aventura, que finaliza con un improvisado rap sobre su propio grupo, al que denominaron "Los guardianes del Biguá".

Tienen entre 6 y 12 años, energía no les falta, y a pesar de que transcurrieron unas cuatro horas, se muestran inquietos y curiosos e incluso se animan a cantar al ritmo de un rap al finalizar la jornada.

Luego se calzan las mochilas sobre sus espaldas para ir a tomar el refrigerio, antes de subirse al colectivo que los dejará en los puntos de encuentro, próximos a sus hogares.

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