La veda de la indolencia
Desde las 8 de hoy rige la veda electoral. Parecería hasta innecesaria si no lo marcara la legislación para cumplir con la prohibición de difundir propuestas de campaña o la publicación de encuestas.
La campaña con vistas a los comicios primarios del domingo terminó ayer sin pena ni gloria y con las mismas recetas que nunca parecen cambiar, montadas en los influencers partidarios de los que, a esta altura del descrédito a los políticos, podría hasta dudarse de la efectividad de sus mensajes.
En cuanto a los pronósticos (los ansiosos con chequeras anchas siempre gastan mucho para suavizar la ansiedad), tampoco hay seguridad de que se cumplan con cierta aproximación por las particularidades de estas elecciones en un distrito como el neuquino, en donde lo que más se juega son bastiones territoriales de cara a las elecciones para gobernador dentro de dos años.
Todos los antecedentes comiciales cercanos marcan que bajó la participación electoral. Así sucedió hace pocas semanas en la provincia de Corrientes y anteriormente en Salta, Jujuy y Misiones, con una merma de entre 4% y 15% comparado con anteriores elecciones.
La apatía por el clima político y el temor a los contagios por la pandemia son dos razones poderosas que los precandidatos y precandidatas tuvieron que remar durante la campaña y cuyos resultados se observarán el domingo a la noche.
Puede que los festejos, si hay algo para festejar, sean moderados y quizá las frustraciones pesen más en una dirigencia que busca renovarse aunque repitiendo fórmulas desactualizadas para el tamaño de los problemas a resolver.
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