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La vida les sonríe desde la donación de órganos

Tres neuquinos cuentan su experiencia a partir de la esperanza.

Sofía Sandoval

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Neuquén.- Un pinchazo. Dos. Una aguja tan gruesa como la punta de una lapicera que les atraviesa la piel y cuatro horas con los brazos quietos conectados a una máquina de diálisis. Esa rutina, que los deja débiles y descompuestos, se repite tres veces por semana durante años para estos pacientes con insuficiencia renal, que sólo pueden volver a su vida normal gracias a los órganos donados por la solidaridad de una familia en duelo.

En Neuquén hay pacientes que pasan hasta 20 años con la tortuosa rutina de someterse a la diálisis día por medio. Aunque los tubos sólo se conectan por cuatro horas, la máquina parece absorberles gran parte de la vida, no sólo porque deben prepararse varias horas antes y descansar varias horas después, sino porque no pueden viajar lejos del aparato por más de un día.

Para ellos, sólo la llegada de un riñón sano les permite liberarse de ese yugo, que les limita la cantidad de agua para beber y les borra por completo sus deseos de orinar; aquel que les tiñe la piel de amarillo oscuro a causa de las toxinas que la máquina no llega a depurar, que los cansa y les duele en el estómago.

Luciana Andino pasó 23 de sus 35 años conectada a uno de estos aparatos. Cuando sólo tenía 11 se desayunó con la noticia de que padecía insuficiencia crónica renal terminal y, aunque llegó un riñón nuevo sólo un año después, su cuerpo lo rechazó al poco tiempo y la condenó otra vez al tratamiento.

Ella, como todos, recuerda la hora exacta del llamado. A las 4 de la madrugada le avisaron que había un nuevo operativo, es decir, la llegada de un órgano sano que podría cambiarle la vida. Estaba quinta en la lista de espera y, unas horas después, ya era la segunda. Cuando le avisaron que el riñón sería para ella, se despidió de su familia inundada en lágrimas y tomó un vuelo sanitario que la alejaría de los suyos durante tres meses.

Luciana se enfrentó a la operación llena de miedo y, tras el éxito de la intervención, vivió un largo proceso de recuperación en Buenos Aires. Tuvo que ser operada nuevamente para que los médicos extrajeran el viejo riñón que se había dilatado y eso, sumado a otras complicaciones, alargó su estadía lejos de casa. “No podía creer que ya no tenía que hacerme el tratamiento”, señaló.

“A todos les digo lo importante de cuidarse durante la diálisis para que el trasplante sea exitoso. Si no dejan de tomar agua y se cuidan, es difícil que su cuerpo no acepte el nuevo órgano”. Carmen Vila. 58 años

“Yo promuevo la donación entre mis amigos y se lo digo a los que recién conozco. No sé ni cómo se llama la familia que hizo la donación pero se lo agradezco de corazón”.Luciana Andino. 35 años

“Es muy difícil para la gente tener empatía si no tienen alguien al lado que necesite un órgano; pero donar es como dejar un legado de tu vida viviendo en diez personas”.Dante Flores. 39 años

Pérdidas y esperanza

Para Dante Flores (39), que pasó seis años conectado a diálisis a causa de una diabetes que le detectaron a los 14 años, el llamado llegó a la noche, como buscando una compensación por lo que la vida le había quitado: apenas unos meses antes, su papá y su mamá habían muerto con apenas dos días de diferencia y el hombre había perdido toda esperanza.

Dante necesitaba un riñón y un páncreas, por lo que debía recibir órganos cadavéricos, es decir, que provinieran de un donante fallecido. “Eran órganos sanos y en diez días ya me dieron el alta”, aseguró. Si bien tuvo dos rechazos, su salud se estabilizó y ahora sólo depende de algunas pastillas para tener una vida normal.

Carmen Vila (58) ya desconfiaba de todo. Su nombre había aparecido primero en numerosos operativos, pero siempre terminaban por avisarle que el riñón que necesitaba no era compatible. Tras 21 años de diálisis, el llamado llegó a la 1 de la mañana y la mujer lo recibió con el extraño convencimiento de que ese órgano sería suyo.

Así, los estudios previos fueron positivos y Carmen decidió operarse. “Sentí que era mi última oportunidad”, expresó la mujer, que se refugió de la agotadora rutina del tratamiento a través del macramé que ofrece la Asociación Regional del Enfermo Renal (Arder). “Hace tres años que estoy trasplantada y mi riñón funciona excelente”, concluyó.

11 años tenía Luciana cuando se enteró de que tenía insuficiencia crónica renal terminal.

La vida después del trasplante

Aunque sus problemas renales le impidieron finalizar varias carreras, Luciana se las ingenió para trabajar y estudiar pastelería al mismo tiempo que se hacía diálisis. Desde que se trasplantó, hace un año y medio, creó su propio emprendimiento de pastelería y trabaja desde su casa.

Desde hace cuatro años vive con su pareja en Neuquén y asegura que el nuevo riñón la hace sentirse libre. “Te tenés que seguir cuidando, pero no dependés de una máquina para vivir”, señaló.

Dante aseguró que su vida cambió totalmente después de la intervención. En ese tiempo, trabajó en su ferretería y ahora se dedica a estudiar inglés. “Ahora sólo dependo de tomar algunas pastillas para tener una vida normal”, explicó.

Carmen, que lleva tres años con su nuevo riñón, indicó que todos los estudios médicos le ofrecen resultados perfectos y la posibilidad de contar con más tiempo para dedicarse a su casa y cuidar a sus tres hijos, ya mayores, que crecieron mientras ella se sometía al tratamiento.

Cómo donar órganos

Aquella persona que desee expresar su voluntad de ser donante de órganos puede hacerlo en el momento mismo de tramitar su Documento Nacional de Identidad (DNI) en las oficinas del Registro Civil, a través de la página web del Instituto Nacional Central Único de Ablación e Implante (Incucai) www.incucai.gov.ar, o comunicándose gratis al teléfono 0800 554628.

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