Los cerrajeros que guardan bajo llave miles de historias

Es un trabajo realizado por personas pacientes, protagonistas de situaciones graciosas y otras no tanto.

Georgina Gonzales
Gonzalesg@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
“Buen día. ¿Puedo hablar a solas con el cerrajero? Necesito que me haga una copia”, murmuró con cierto misterio una señora. Luego sacó de su cartera un pan de manteca donde habilidosamente había marcado la figura de la llave que le daría ingreso al “bulo” de su marido.

Miles de situaciones como estas viven todos los días los cerrajeros. De temple inalterable a la hora de abrir una puerta trabada, pueden pasar horas con las manos sobre una cerradura y son meticulosos y observadores.

No son sólo los que te sacan de un apuro cuando te quedaste fuera de tu casa o dejaste las llaves dentro del auto. Ellos tienen la clave para abrir un baúl con historias de cientos de personas. Fueron protagonistas de situaciones de emergencia y de las famosas peleas de pareja con cambios de cerradura de por medio.

Aquella señora había entrado a la cerrajería de Alejandro Olmedo, el hombre que practica el oficio hace unos 13 años en Plottier. Desde que llegó la mujer, un manto de sospechas ingresaron con ella al comercio. Su pedido fue tan convincente y efusivo, que no le quedó más remedio que intentar hacerle una llave.

A los días la mujer pasó nuevamente por la cerrajería. Olmedo no tenía ninguna esperanza con aquella llave. Sin embargo, dijo: “Lo agarré, lo agarré a mi marido con las manos en la masa”.

Para Olmedo ejercer su profesión es un gusto, y lo hace con mucha dedicación. Disfruta reírse de las situaciones “raras” que le tocaron vivir. Tiene definidas hasta estadísticas, dice que los vecinos se olvidan las llaves del auto adentro del 1 al 10 de cada mes, y que lo hacen alrededor de la plaza San Martín. “Es que la gente anda alocada en esas fechas, quiere pagar los impuestos o entrar al banco y se dejan las llaves adentro”, aseguró.

Para los hechos en que lo llaman a una casa porque se trabó la puerta dijo que, si bien no son en una fecha en particular del mes, siempre se trata de personas que están nerviosas, que estaban pensando en hacer miles de cosas y se encuentran con ese lío. “¿Cuánto vas a tardar en abrir la puerta? Es que en media hora tengo que estar en el médico y antes tengo que ir a buscar a mi hijo a la escuela”, ejemplificó Olmedo.

Otra de las anécdotas que recordó fue la vez que lo llamaron para ir a arreglar la cerradura de un nicho. Llegó como a cualquier otro trabajo. Había ido acompañado de su mujer e hijos. Se enfrentó a la puerta y ahí estuvo varios minutos concentrado. “Qué olor a vainilla hay acá, se me mete en la nariz. ¿De dónde viene?”, le dijo a su familia. “¡Pero Alejandro, si está el cajón ahí y vos estás metiendo la cabeza!”, le dijo su señora, e inmediatamente salió y empezó a vomitar.

“A veces estás tan metido en tu laburo, sólo pensás en cómo abrir y te olvidás del mundo”, describió.

HISTORIAS
La caja fuerte más veces abierta

Alejandro Olmedo es cerrajero en Plottier hace más de una década y tiene su propio récord en la ciudad. Resulta que desde que desembarcó con su cerrajería le pidieron al menos unas cinco veces que abra la caja fuerte de la Municipalidad.

Aunque no dio detalles de secretarios de Hacienda ni de intendentes, contó que una vez, a días del cambio de gobierno, los funcionarios salientes le pidieron que abriera la caja fuerte porque no sabían la clave, le dijeron.

Al tiempo, con el nuevo mandato lo volvieron a llamar con el mismo requerimiento. “Necesitamos que nos abras esta caja fuerte, no tenemos código, no tenemos llave”, recordó que le explicaron, y él procedió a hacer su trabajo.

Olmedo contó entre risas las veces que hizo lo mismo y lo que le dio “de comer” esa caja fuerte.

El arte de la ganzúa

NEUQUÉN
Sergio Segura es cerrajero hace 30 años y dice que para abrir una puerta trabada se requiere ser preciso en el arte de la ganzúa. Entre las anécdotas que recuerda de tantos años de oficio, mencionó con orgullo la vez que le salvó la vida a un hombre. Resulta que una joven llegó apurada a su cerrajería para pedirle ayuda, ya que su novio no le contestaba el teléfono y ella veía que la llave estaba puesta del lado de adentro. Una vez frente a la puerta y luego de unos minutos de trabajo, logró abrirla y la mujer ingresó corriendo. “‘¡Mi novio está convulsionando!’, salió gritando, y en minutos llegó la ambulancia y lograron salvarlo”, recordó Sergio, y dijo que si bien nunca supo qué le había pasado, es el día de hoy que ese hombre lo ve por la calle y le agradece por su trabajo.

Los tiempos cambian y hoy no todas las personas son confiables. Hace poco un hombre lo fue a buscar para pedirle que le abriera el negocio, le dijo que lo llevaba y lo traía. Llegó al comercio, con su conocimiento logró destrabar la puerta en pocos minutos y el cliente quedó sorprendido. “Pero por lo poco que trabajaste y lo que me cobraste te podés pagar un taxi para volver”, le dijo el hombre, y Segura se volvió caminando hasta su cerrajería del Alto neuquino.

VIVENCIAS
Una forma de vida: 35 años de oficio

A Sergio Hugo, el oficio lo encontró a los 15 años. Primero fue aprendiz y finalmente tuvo su propio comercio y hoy hace 35 años que es cerrajero.

“Fue mi forma de vida siempre, con esto eduqué a mis tres críos, viví de esto toda la vida”, explicó el hombre luego de apagar un cigarrillo en la puerta de su negocio de la calle Belgrano.

Entra las historias que le tocaron vivir no se olvida de la vez que una señora lo llamó desesperada porque se le habían quedado las llaves dentro del auto en el estacionamiento de un supermercado. El panorama se puso feo cuando se enteró de que además le había quedado el hijo adentro.

“La mujer gritaba y quería que le rompa el vidrio de un martillazo, pero igualmente el bebé estaba dormido y en pocos minutos logré abrirle la puerta”, recordó con tranquilidad.

En otra oportunidad lo llamaron desde un albergue transitorio, el dueño le pidió que fuera lo antes posible. Una mujer se había quedado encerrada en el baño de la habitación y cuando él irrumpió en la escena sólo se escuchaba: “¡Destrabá la puerta pero no se te ocurra abrirla!”, desde dentro del baño.

“Después fui a abrir una puerta y no contestaban y era porque estaba muerto, eso me pasó dos veces”, puntualizó el hombre, y contó que fue personal policial el que lo llamó.

De los robos, estos amos de la cerradura tampoco se salvan. A Sergio una vez lo llamaron con la necesidad de abrir una Ford Ranger y le dijeron que estaban en Avenida del Trabajador al 4000. “No les dije en qué iba y entonces pasé y te dabas cuenta de que se la querían chorear, así que seguí de largo”, recordó.

Las situaciones de cambio de cerradura entre parejas es un clásico en el rubro. Y a veces los solicitan hasta más de una vez desde la misma casa. Una señora llamó a Sergio muy angustiada para que vaya con urgencia a cambiar la llave de su casa porque se había separado de su marido. Él terminó los trabajos que estaba haciendo y cuando llegó a la vivienda, ya desde la ventana le dijeron que no hacía falta, que ya se habían arreglado.

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