Los daños del corporativismo

Un hombre choca dos autos estacionados en plena Avenida Argentina. Por fortuna, no mata a nadie. Por suerte y porque, al tratarse de una mañana de un feriado de fin de semana largo, no caminaba nadie por esa zona, que habitualmente está atestada de gente.

Se baja y dice que perdió el control del auto porque se le reventó una goma. Llega la Policía y una de las damnificadas, que poco cree en la versión del accidente, les pide a los agentes que le hagan un test de alcoholemia.

A diferencia de lo que ocurre con casi la mayoría de los mortales, la prueba se demora, tarda, y nadie explica los motivos. Sí se hace dos horas después y el resultado es el esperado: el conductor estaba borracho. Obviamente que le dieron un margen para que el número no fuera tan escandaloso. Sin embargo, no pudieron tapar el sol con las manos: le dio 1,14 gramos de alcohol en sangre.

¿Deben ser sancionados los policías que tardaron en hacer el test de alcoholemia al compañero que chocó borracho?

En casi todos los ámbitos laborales y de la vida en general, el corporativismo siempre se impone ante la presencia de conflictos. Esto no quiere decir que esté bien, porque en muchos casos se termina actuando en contra de las normas. Y es lo que ocurrió con los efectivos que no hicieron su trabajo como correspondía porque el infractor era un compañero de la fuerza.

Dejando de lado la sanción que se le podría aplicar al policía por chocar alcoholizado (que por cierto no estaba en servicio y eso es un atenuante válido), sí habría que preguntarse si no merecen un apercibimiento quienes trataron de que no se hiciera pública la irregular situación. ¿O también las máximas autoridades actuarán de forma corporativa?

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