Los presos del interior apuestan a la capacitación
POR GUILLERMO ELIA / [email protected]
En las cárceles del interior los presos no están abandonados a su suerte. A pesar de los escasos recursos, la gestión, la solidaridad y el empuje ayudan a superar los barrotes y vincularse con la sociedad. Así es como se llevan adelante distintas experiencias de las que rescatamos un taller de pintura, peluquería y mantra para superar el encierro.
En el interior neuquino los penales cuentan con una población que permite trabajar en conjunto con asociaciones y particulares que miran a la cárcel como una oportunidad.
Dar un corte
Para muchos, Marta Ulloa está poniendo su vida en juego porque les da tijeras a los presos para enseñarles peluquería. “Los temores que tenía se me fueron rápido, porque los muchachos van al taller porque quieren aprender y tener un oficio”, cuenta Marta, que da el curso hace dos en la cárcel de Junín.
Con el primer curso concluido, la profesora y sus alumnos se pusieron como desafío devolver algo a la sociedad a partir del oficio adquirido. Fue así que fueron al Hogar Ayuntun, en el humilde barrio Lanín, y les cortaron el pelo a chicos y grandes. “Fue una experiencia fabulosa para todas que, de hecho, vamos a repetir en noviembre”, confió Marta.
Liberar el espíritu
Otra gladiadora es Noelia Macchiarulo, directora de la delegación municipal El Arenal, en San Martín de los Andes.
La jueza Alicia Rodríguez la convenció de dar su taller de mantra a los presos, lo que al principio le pareció una locura. “El mantra es una meditación que se logra cerrando los ojos y, mediante una serie de sonidos repetitivos, se va trabajando sobre un valor. Así, lo que piensan, sienten y dicen se va aprendiendo a coordinar. Esto les permite salir mentalmente del estado de encierro”, explicó Noelia.
Es así como de a poco los presos se fueron sumando, incluso los que no participan bajan el volumen de sus radios para permitir que la actividad se realice.
Pinta bien
Iris Rojas brinda en su casa un taller de pintura para los presos en Zapala. Fue así como apareció Diego, un interno de 33 años que “tiene el don de pintar”. “Cuando llegó, él veía todo negro y así lo plasmaba en las pinturas, por lo que fuimos incorporando los colores y las técnicas”, reveló Iris.
“Creo que si le dan la oportunidad, Diego tiene muchas chances de ser un artista destacado”, confió su profesora, que le dio una beca tras recuperar la libertad para que no abandone el taller.
Te puede interesar...
Leé más
Quién era el criancero que encontraron muerto dentro de su casa en Andacollo
Noticias relacionadas












