Los vinos de los extremos: NOA y Patagonia en las copas

Dos regiones del país donde hay mucho margen para crecer en los sabores.

Joaquín Hidalgo

Especial

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Argentina es un país extenso. Desde acá no se nota mucho, porque estamos acostumbrados a las distancias enormes. Pero puestos a comparar, entre el viñedo más al norte y el que está más al sur, media una distancia enorme. Tanto como ir desde Edimburgo en Escocia a Marrakech en Marruecos.

Entre esa notable distancia en Europa y África es la misma que se encuentra hoy entre los viñedos del Noroeste Argentino (NOA) y la Patagonia. ¿Qué los une y qué los diferencia?

Malbec: En la Patagonia Norte, se lo cultiva sin drama, da vinos de cuerpo y fruta roja y con frescura.

Las cifras

Patagonia ocupa el 1,7% de la superficie argentina de vides, mientras que el NOA cubre casi el 2,9%. Es decir que entre ellos pueden producir una reducida cantidad de botellas que, sin embargo, no es pequeña en términos de mercado: es relevante.

A la vez, son cuatro provincias en el NOA (Salta, Catamarca, Tucumán y Jujuy) y cuatro en Patagonia (Neuquén, Río Negro, La Pampa y Chubut).

La extrema altura

En el NOA se encuentran los viñedos más altos de la Argentina y del mundo, si dejamos de lado Nepal que produce vides pero no vinos. De forma que el frío de los viñedos altos convive con la intensidad y el calor de las tardes. Esa combinación genera en las uvas un combo raro de estilo. Sólo en materia de Malbec, para establecer una comparación, son siempre intensos y se lo puede encontrar desde vinos de cuerpo medio y de mucha acidez a vinos de gran cuerpo y acidez baja.

Con frecuencia, de hecho, los vinos del NOA son sobremaduros porque ese clima tan intenso es difícil de dominar en materia de madurez. Para decirlo en pocas palabras: entre los vinos que recuerdan frutas frescas y los que saben a mermelada casi no media tiempo en la planta. Por eso, muchos van por esta última línea.

El viento constante

Patagonia es muy ecléctica. Pero si hay algo que es común a todos los valles más allá del Río Colorado es el viento. Llega a ser tan intenso que las vides se rompen. Como consecuencia directa, los estudios dicen que las variedades engrosan la piel de las bayas, de forma que los vinos son potentes en taninos.

Aumenta esa situación los días largos del verano en el sur, con abundante sol, y las temperaturas cambiantes entre el día y la noche. El efecto es parecido al del NOA, sólo que con otros registros térmicos.

Volvamos al Malbec. En la Patagonia Norte, donde se lo cultiva sin drama, da vinos de cuerpo y fruta roja, con frescura moderada; en la Patagonia más allá del paralelo 42º, va perdiendo en los valles chubutenses y ganando frescura. Los pocos que hay pueden estar sobremaduros, pero la acidez es siempre elevada.

Otras variedades van mejor

Así, en ese modelo de climas, son otras variedades las que definen los vinos de los extremos. Por ejemplo, en el NOA, el Cabernet Sauvignon alcanza un punto cúlmine: con un trazo evidente de morrón asado, paladar amplio y de rica frescura, resulta en no va más en la materia.

En los valles fríos de altura, en cambio, no llega con la madurez y ahí hoy es novedad el Chardonnay, Sauvignon Blanc y Torrontés de altura, que parece un Pinot Gris.

En Patagonia, las variedades que mejor se adecúan a un verano más corto que el de otras latitudes, son Chardonnay, Sauvignon Blanc, Merlot y Pinot Noir.

Estas últimas dos son variedades complejas de cultivar que, cuando alcanzan su máxima expresión, dan vinos de paladar gustoso. Por ejemplo, el Pinot Noir de los valles andinos, delgado y refrescante; el de los valles bajos como el del Río Neuquén, maduro y de paladar medio y delicado. Ahora bien, en los valles más extremos, son los blancos los que proliferan con sentido propio.

Con todo, en las dos regiones hay mucho margen para crecer en sabores. Y, al mismo tiempo, por la distancia y escala que manejan, para ser sustentables tienen que proponer vinos de nivel Premium. En esa línea están los dos extremos de la Argentina.

Iwao cocina en Patagonia

El próximo sábado, el cocinero de origen japonés Iwao Komiyama, reconocido por sus programas de TV y su especialidad en pescados y sabores nipones, llegará a San Patricio del Chañar para cocinar en el restaurante de Familia Schroeder.

Junto con el chef anfitrión, Ezequiel González, propone un menú maridado de cuatro pasos con vinos de la bodega. Una linda oportunidad para degustar una interpretación distinta de la cocina patagónica. Reservas: restaurantenbodega@familiaschroeder.com / 0299-145091754.

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