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El cocinero de Neuquén que custodia un tesoro: el Quinquela Martín que espera su veredicto

Walter Herrera llegó en 2003 desde un pueblo de 1.300 habitantes para probar suerte en el Sur, y ahora se encuentra frente al cuadro de su vida.

Un llamado de su hermana Lorena fue el detonante. En 2003, Walter Horacio Herrera decidió que era momento de dejar atrás Saldungaray, ese rincón bonaerense de apenas 1.300 habitantes en el partido de Tornquist. Pisó suelo neuquino para darle una mano a la familia en una verdulería, un rubro que el joven ya conocía.

Con el pasar del tiempo encontraría su oficio en el rubro de la gastronomía. Es que en el día a día del ahora cocinero, el tiempo suele medirse en porciones de comida. Durante 10 años, su vida giró en torno a la elaboración platos y viandas, un oficio de fuego, hornallas y entrega.

Ahora, el destino decidió cambiarle la receta. Lo que empezó como un modesto local de antigüedades en la calle Tierra del Fuego 170, terminó convirtiéndose en el escenario de un hallazgo que podría sorprender al mercado del arte nacional: la aparición de un cuadro que lleva la firma de Benito Quinquela Martín.

La historia no comenzó con una planificación o proyecto, sino en un gesto de amistad. El stock de su nuevo emprendimiento o hobby no provino de recolección de piezas o subastas, sino del depósito de un amigo que decidió confiarle los objetos de su abuela.

Entre muebles con historia y objetos detenidos en el tiempo, apareció la pieza que descolocó a todos: una pintura con la energía y las texturas características del mayor exponente del arte portuario argentino.

Antiguedades- Quinquela (1)

Benito Quinquela Martín fue un artista muy reconocido y valorado por sus cuadros cargados de color que plasmaron la vida cotidiana de un barrio al que le imprimió identidad. El famoso pintor argentino encontró en el barrio de La Boca y los trabajadores del puerto un repertorio ideal para su obra.

Compartir con la gente y ventas

“Me encantan las antigüedades y soy muy curioso con todo eso. Siempre compraba algunas cositas o mis amigos me regalaban objetos. Justo mi amigo (Mario Jara), que se iba a vivir a Alemania, me dijo que fuera a buscar cosas de su abuela”.

“Ella (María Casseux) había fallecido hace unos seis años. Saqué varias cosas de su casa y hasta el día de hoy conservó hasta sus poemas. Había pulseras y medallas que usaba María que se las devolví a mi amigo porque tienen un valor más sentimental”, agregó.

Walter y su socio, Ezequiel (Inchausti), alquilan la casa de Tierra del Fuego al 100 para realizar y vender viandas: “A la casa hay que hacerles algunos arreglos. Y el ambiente, que en mejores condiciones está, es dónde hoy funciona la venta de antigüedades”, aseguró.

Antiguedades- Quinquela (18)

“Tengo muchas acumuladas, pero comencé de a poquito. La idea mía era compartir con la gente lo que tengo (antigüedades) porque me parecía lindo, además de venderlas. El primer día que abrimos vendimos un montón. Cómo más de 120 mil pesos en libros”, reveló.

También vendí bastantes muebles. Hay mucha gente que le gusta lo retro para ambientar su casa. Vendí sillas talladas a mano y su respaldo tenía un metro veinte de altura. El relleno era de pluma. Era un juego de silla y mesa de dos metros de 1920, 1930, según me contó mi amigo”, acotó. Y continuó: “Hubo un matrimonio que se llevó una cortadora de césped inglesa de 1890 y la vendí en $150.000”.

¿Qué eligen chicos y grandes?

En estos dos meses que lleva abierto el negocio las personas que ingresaron han conseguido planchas antiguas, cámaras de fotos, teléfonos, revistas.

Los más chicos vienen por los comics o revistas como El Tony, D'artagnan, Humor y El Patoruzito. La gente más grande ya viene con una idea o buscando algo que le recuerda a su infancia, juventud. Se lleva vinilos, fuentes enlozadas, azucareras antiguas, radios, herramientas de otra época”, reveló.

“Los adolescentes son los que más llevan cosas como carteras antiguas, y ropa que reciclan. Vestidos, polleras y bijouterie”, acotó.

Antiguedades- Quinquela (25)

Al hablar de valores, Walter hace sus consultas a personas que saben del tema, como es el caso de los muebles. Y sino va directo a consultar a las diferentes páginas del rubro de anticuarios en Internet: "Tengo tres monedas del Mundial Argentina 78. Un persona me las quiso comprar y creo que le pedí menos de 50 mil peso. No recuerdo. Y no se las llevó porque me dio que me iba a perjudicar. Me contó que las tres monedas tenían un valor de 200 mil pesos".

Al encuentro con Quinquela

En el salón, que tiene cuatro metros de frente, se encuentran algunos cuadros y entre ellos lo que puede ser un verdadero hallazgo: el Quinquela Martín. “Están colgados los cuadros que eran del tátara, tátara abuelo, del abuelo de mi amigo (Jara) y son de 1862, según la fecha que figura en uno. Y después el Quinquela Martín que se lo regalaron a la abuela María”, sostuvo.

Tiene la firma y es el que más llama la atención porque tiene la firma del autor. Sabía quién era (Quinquela), pero realmente no le di importancia. Pensé que no se trataría de un original”, confesó.

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La obra, que muestra la fuerza del trabajo y el color que inmortalizó Quinquela, no pasó desapercibida así nomás. Los rumores de un “Quinquela en la Patagonia” cruzaron los mil kilómetros que separan a Neuquén de la Capital Federal y llegaron a oídos de un coleccionista. Por ahora…

¿Original o réplica?

El hombre de Buenos Aires, dueño de un local que lleva el nombre de Antigüedades en la Galería Colón (Florida 362), visitó en diciembre pasado la ciudad en busca de objetos que le sirvieran. Fue así que Walter acudió al coleccionista, que siempre anda buscando artefactos.

“Me enteré que venía a Neuquén un señor que tiene una casa de antigüedades en Buenos Aires. Logré contactarlo por WhatsApp y le vendí unas monedas antiguas de plata”, contó. El encuentro se dio en el Hotel del Comahue, en donde había más personas con la intención de desprenderse de elementos antiguos. “Los turnos eran de media hora. El señor se llama Alejandro”, recordó.

“Cuando me iba me dijo si tenía algo más. Y le respondí que tenía unos cuadros, pero no sabía si le iba a interesar. Me dijo que sí. Como se estaba yendo de Neuquén le envíe fotos e inmediatamente me preguntó por el cuadro de Quinquela. Me preguntó si tenía algún sello y me dijo que lo iba hacer analizar por un experto en materia de arte”, reveló.

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El interés por la obra es concreto, pero la cautela es mayor: en el mundo del arte, la firma es solo el comienzo. “Se comunicó y le confirmó que venía a Neuquén en abril. Si es un original el valor ronda los 40 mil dólares. Y si se trata de una réplica el precio va de 10 a 15 mil dólares. Mientras tanto estoy esperando”, afirmó Walter.

Herrera, para obtener más información y detalles sobre la pieza, acudió al Museo Nacional de Bellas Arte de Neuquén. Pero no tuvo mucho éxito. “Me dijeron que no había ninguna persona que supiera sobre el cuadro. Y me recomendaron que vaya directamente a casa de arte o de antigüedades de Buenos Aires”, expresó.

Un cumpleaños diferente y el sueño del bodegón

Walter tiene varias cajas y hasta una heladera que no funciona llena de reliquias. Y cuando la cocina se lo permite va hurgando y enterándose de qué se trata cada pieza: “No sé muy bien las cosas que debo tener. Voy sacando de a poco porque abrimos hace poco" dijo.

"El otro día vino una madre con su hijo. Y el chico le dijo ‘Mamá me trajiste a un museo’”, contó entre risas.

Juagando y soñando un poco del que el Quinquela sea auténtico, la vida de Walter y su socio tendría un tremendo giro. “No me lo guardaría. Y si hay un comprador me gustaría que lo restaure y exhiba. Y en lo personal me serviría para cumplir el sueño de tener un bodegón y estar mejor. Mi idea siempre fue ponerlo y tener un espacio en donde exhibir las antigüedades para que la gente conozca”, afirmó Walter.

A las puertas de su medio siglo de vida, el hombre que alimenta a vecinos y clientes con sus viandas hoy espera el veredicto que podría convertir su pequeño local de antigüedades en el epicentro de lo que podría ser la noticia cultural del año. Por ahora, el Quinquela de Neuquén guarda silencio, entre el aroma de la viandas, esperando que la ciencia y la historia confirmen que el sol de La Boca, finalmente, también brilla en el corazón de Neuquén.

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