Ezequiel Ortega se formó en la EPET 10 de Cutral Co, estudió ingeniería y hoy se prepara en uno de los países más avanzados del mundo en energías renovables.
A los 35 años, Ezequiel Ortega puede mirar hacia atrás y reconocer un recorrido que empezó en las aulas de la EPET 10 de Cutral Co y hoy lo encuentra trabajando en Dinamarca, uno de los países líderes en energía eólica. Ingeniero mecánico electricista, decidió salir de la zona de confort que le daba la industria automotriz en Argentina para especializarse en energías renovables y apostar a un sector que también empieza a ganar protagonismo en Neuquén.
Formado en la escuela técnica pública y con cinco años de experiencia industrial en Argentina, decidió empezar de nuevo. Cambió la comodidad de un trabajo estable por la incertidumbre de emigrar, trabajar en una hamburguesería y volver a estudiar en otro idioma. Hoy, desde Dinamarca, uno de los países líderes en transición energética, este ingeniero neuquino se especializa en energía eólica offshore y trabaja en una industria clave para el futuro del planeta. Su historia es la de la superación personal, pero también la de una generación que mira más allá del petróleo y apuesta por las energías renovables, un sector que crece con fuerza.
Criado en Cutral Co, allí se recibió de técnico mecánico en la EPET 10, una institución emblemática de la formación técnica neuquina. Con 19 años se fue a Córdoba para estudiar Ingeniería Mecánica Electricista en la Universidad Nacional. Vivió 11 años en esa provincia: se graduó y trabajó cinco años en la industria automotriz, principalmente en la planta de Renault en Córdoba.
“Me sirvió muchísimo como experiencia, pero no quería hacer toda mi vida ligada a la industria automotriz”, contó a LM Neuquén desde Copenhague. Tampoco lo sedujo el camino más previsible para un ingeniero neuquino: volver y trabajar en el sector hidrocarburífero. “Siempre pensé en dedicarme a algo que tuviera un impacto social fuerte, no solo ahora sino para las generaciones futuras. Y la industria de energías renovables apunta justamente a eso”, compartió.
Con esa convicción empezó a mirar hacia Europa. Sabía que el continente lleva ventaja en políticas ambientales y desarrollo tecnológico en energías renovables. “En Argentina hay maestrías, pero yo necesitaba la experiencia de estudiar afuera, en otro idioma, rodeado de gente de distintos países”, explicó.
Su salida del país no fue directa a Dinamarca. En 2021 viajó primero a Italia para tramitar la ciudadanía europea y pasó cinco meses en Sicilia. Luego decidió darse un año sabático de la ingeniería: trabajó tres temporadas en centros de esquí y restaurantes en Chamonix, en los Alpes franceses.
Finalmente llegó a Dinamarca, con un objetivo claro: ingresar a la Universidad Técnica de Dinamarca, una de las más prestigiosas del mundo en energía eólica. La institución -conocida internacionalmente como la Technical University of Denmark- evaluó su perfil académico, su promedio en Argentina y su nivel de inglés. Tras rendir el examen correspondiente, fue admitido en el máster en energía eólica.
El posgrado, de dos años y modalidad presencial, lo enfocó en una de las ramas más desafiantes: la integración eléctrica de la energía eólica, especialmente en parques offshore, es decir, instalados en el mar. Dinamarca es referencia mundial en el tema. Limita con el Mar del Norte y fue pionera en el desarrollo de aerogeneradores y parques eólicos marinos. Justamente el primer parque eólico offshore del mundo fue instalado a comienzos de los años 90 en ese país. Se trata del Vindeby, desactivado hace poco por llegar a su vida útil.
Para entender la magnitud del desafío hay que distinguir dos tipos de parques eólicos. Los onshore son los instalados en tierra, comunes en Argentina. Los offshore se ubican mar adentro y generan enormes cantidades de energía, pero su instalación y conexión al sistema eléctrico son mucho más complejas y costosas.
Su investigación se centró en cómo reducir esos costos. Hoy existen dos formas convencionales de transmitir la energía generada en el mar hacia tierra: mediante corriente alterna tradicional (a 50 Hz) o corriente continua. Él estudió una alternativa intermedia: la transmisión en corriente alterna de baja frecuencia (entre 10 y 20 Hz). Según explicó, esta tecnología podría disminuir significativamente los costos de inversión y operación en parques ubicados a distancias intermedias de la costa.
“A medida que las granjas eólicas se construyen más lejos del mar, los costos aumentan. Si encontramos una manera más eficiente y económica de transmitir esa energía, estamos aportando a que la transición energética sea más viable”, resumió.
El camino, sin embargo, no fue sencillo. Al llegar a Dinamarca trabajó durante un año en una hamburguesería. “No es tan fácil insertarse de inmediato como ingeniero, aunque tengas título y hables inglés. Hay que pagar derecho de piso”, reconoció. La posibilidad de estudiar fue también una estrategia para abrir puertas en la industria local.
Dinamarca cuenta con un sólido sistema de apoyo estatal. Los estudiantes con ciudadanía europea que trabajan part time pueden acceder a una ayuda económica mensual que cubre prácticamente el alquiler. Gracias a esa combinación -subsidio más empleo parcial- pudo sostenerse durante la maestría. Para quienes no tienen pasaporte europeo, en cambio, el máster puede costar alrededor de 20 mil euros.
A los seis meses de iniciar el posgrado comenzó a buscar empleo como ingeniero estudiante. Encontró un puesto part time en una empresa del sector eléctrico. La lógica danesa es clara: si el estudiante demuestra capacidad y compromiso, la compañía lo retiene hasta finalizar la maestría y luego lo incorpora full time. Eso fue exactamente lo que ocurrió. Hoy trabaja en esa misma empresa, ya como profesional permanente.
Europa se trazó el objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono hacia 2050. La expansión de la energía eólica offshore será clave para cumplirlo. América Latina no avanza al mismo ritmo, pero Argentina tiene un potencial enorme, especialmente en energía eólica y solar. En Neuquén, aunque destacada por Vaca Muerta, también se desarrollaron parques eólicos y solares en los últimos años.
“Argentina está en un buen nivel dentro de América Latina. El potencial es muy grande. Neuquén tiene muy buen recurso eólico y solar”, destacó. Sin embargo, aclaró que hoy en el país no existen parques offshore y tampoco se prevé su desarrollo inmediato. Esa es una de las razones por las que su especialización, por ahora, tiene más campo en Europa.
Su idea inicial era formarse y regresar. Ese deseo sigue latente. “Me gustaría volver y aportar lo aprendido. Pero por ahora siento que todavía puedo seguir creciendo acá”. La experiencia europea no solo le dio conocimientos técnicos, sino otra mirada sobre la planificación energética a largo plazo.
La historia de este ingeniero neuquino es también la de una transición. De la EPET de Cutral Co a los laboratorios de Dinamarca. De la industria automotriz a la energía eólica marina. Del empleo estable a empezar de cero en otro continente. En un momento en que Neuquén debate su matriz productiva y el futuro más allá del petróleo, su recorrido demuestra que la formación pública, el esfuerzo personal y la visión estratégica pueden abrir puertas en cualquier lugar del mundo.
Mientras los aerogeneradores giran en el Mar del Norte y Europa acelera su transformación energética, un neuquino aporta su conocimiento desde el corazón de esa revolución. Y aunque hoy su presente esté en Dinamarca, el viento que impulsa su vocación sigue teniendo raíces patagónicas.
Te puede interesar...















