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El hombre de los 705 mates: Sergio Foglia y una vida de colección

Mates de 1920. Importados y nacionales. De pezuña de vaca, porcelana y plata. Hasta un mate con forma de inodoro. Cuál de todos esconde la historia más íntima.

Mate es compartir, es amistad, la excusa perfecta para juntarte a hablar; y cada mate en la vida de Sergio Foglia es todo eso y una historia. La más entrañable está en el corazón de un mate de lata color esmeralda que no vale nada al lado de otros mates de plata, oro y porcelana importada. Pero ese mate, que no llama la atención en medio de otros que se roban todas las miradas, esconde el tesoro más grande.

Son las cuatro de la tarde. Sergio Foglia nos invita a pasar a su departamento de la calle Amancay al 300 del barrio Villa Farrel. Allí colecciona más de 700 mates. "Exactamente 705 mates en este momento", contó el hombre. "Siempre tuve alma de coleccionista", agregó.

Almanaques de bolsillo, monedas, estampillas, autitos y muñequitos, como cualquier chico. Siempre se le dio por coleccionar. "Mi señora lo sabe, pobre. Ya me ha ido eliminando algunas colecciones", bromeó.

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Sergio tiene 50 años. Nació en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires. Un pueblo que está a 300 kilómetros de la capital y 300 kilómetros de La Pampa. Por amor a Olga, su esposa, se vino a Neuquén en 2007. Primero puso un kiosco. Fue empleado de Comercio y desde hace un tiempo trabaja en la Legislatura provincial.

Dice que extraña la tranquilidad de su pueblo, de donde también se llevó un mate cuando cumplió los 100 años. Pero a la vez confesó: "Me gusta mucho Neuquén, tiene de todo".

En una entrevista con LMNeuquén, recordó cómo empezó esta pasión que se hizo grande en el tiempo.

Era chico cuando miraba a sus familiares tomando mates en el campo. De grande se fueron juntando varios modelos, algunos viejos trastos que dejaron de usarse y solo juntan polvo. Dos o tres muy lindos que no le eran permitidos para jugar. Un día decidió rescatarlos. Se hizo una estantería en la habitación que tenía cuando vivía con sus padres, y con los años la colección se mates se acrecentó tanto que ya no tiene prácticamente espacio en el departamento que destina para la colección de los 705 mates actuales.

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Comenzó por armar una repisa, luego dos bibliotecas, una vitrina y un armario lleno de mates. "Nunca me lo imaginé", sostuvo Sergio, y aclaró: "Son todos totalmente distintos. No hay uno igual al otro". Y no los vende.

Su colección empezó por los mates que encontró en su casa. Luego, se le ocurrió llevarse de cada ciudad o país que recorría, uno o varios ejemplares más. Comenzó a comprar mates antiguos, algunos de los cuales tienen más de 100 años de historia, como los de porcelana que se fabricaron en Checoslovaquia o Alemania porque aquí, en Argentina, en ese tiempo no existían.

Hay mates de vidrio y de cristal murado de Italia. Otros más tradicionales, como los de pezuña de toro, vaca y caballo. O bien, los de calabaza y madera. También hay muchos artesanales, con diseños que son únicos. Está el mate hecho en la propia yerba, uno forrado en peluche y algunos de plata que incorporan la bombilla.

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No hay uno igual a otro

También forman parte de su colección un mate querubín y el angelito de porcelana, que no es para nada fácil conseguir. Estos datan de 1910 y 1920. Hay otro de Portugal que llama la atención porque se asemeja a un toro. Otros tienen la base de una moneda o con pie de tenedores.

Otros mates son una ternura, como uno pequeño de porcelana que se sirve en un platito. "Tengo un mate muy particular. Ese si que es raro, lo hizo un amigo mío cuando tenia una colección de casi 300 mates. Es un mate con forma de inodoro al que se levanta la tapa", contó.

El mate que todo coleccionista quiere tener es el de 1910, que rememora el centenario de Argentina.

Otro mate, recordó, se lo asocia al "marido celoso" porque lleva dos asas. "Para que el cebador no le toque la mano a su paisana", comentó, de acuerdo a la vieja costumbre. Otros "porongos" de Brasil sobresalen de una de las bibliotecas por su tamaño y color. Hay uno muy llamativo que tiene la forma de un bombo legüero, otro parece un dado. Hay mates con venecitas o tallados.

Otro tiene la particularidad de incorporar un silbato. Según contó Sergio, antiguamente en las casas de ricos estancieros existía la costumbre de silbar el mate para que se acerque el personal doméstico a servir a los señores dueños e invitados.

El mate más significativo

Pero uno de ellos, el que pasaría desapercibido entre un montón de mates de lata enlozada, esconde la historia más significativa para Sergio. "Cuando trabajaba en el campo de mi papá, al volver pasábamos por una chacra de unos tíos míos que nos esperaban para tomar unos mates espectaculares en este mate de loza, bien espumosos y dulces. Ahora tomo amargo. Nunca volví a tomar unos mates tan ricos. Además, con el paso del tiempo mis dos tíos y mi papá fallecieron. Yo ya estaba viviendo en Neuquén y siempre me quedó esa nostalgia de esos mates. Por suerte, una vez mi primo limpiando el galpón de la chacra lo recuperó y acá lo tengo. Para mí es el mate de más valor", confesó. Es el de lata enlozada color esmeralda.

Muchos de sus mates son un regalo de amigos, familiares y seguidores de su cuenta en Yotube.

Es que los mates para Sergio son mucho más que una colección que llena todas las paredes de un departamento. Forman parte de su vida. Algunos especialmente lo transportan a momentos muy significativos, como un perfume puede hacernos recordar el particular olor de una casa que nos llena de nostalgia.

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"Me encantan mucho los mates que tiene historia. Puede haber un mate muy lindo, pero si puede ser feíto, de calabaza y con una marquita, y vos sabés que en ese mate tomó tu mamá, tu papá, un abuelo o tus tíos, eso no tiene precio. En este caso, para mí significó mucho. Siempre esperábamos pasar por ese lugar para tomar unos mates. La ronda a veces era de siete u ocho personas, y ahí tomé los mates más ricos de mi vida", expresó.

"El mate es historia, lo que significa. Después bueno el original es el de calabaza. Todos se pelean por el mate, si es un invento argentino o uruguayo. Pero los primeros que lo descubrieron fueron los guaraníes, donde geográficamente ahora está Paraguay. Y lo tomaban en la calabaza, ahí molían la yerba. No tenían bombilla y con los dientes lo filtraban". Sergio Foglia, el recolector de mates.

Coleccionista de mate

Cómo lo toma

Sergio toma mate en uno de caldén que compraron en La Pampa, y lo toma amargo. "No soy tampoco de hacer grandes rituales para prepararlo y cebarlo. Lo tomo con yerba Playadito. Mi preferida es la Mercedes de Campo; y As De Bastos es una marca no muy conocido que nos gustó también. Se dice que a 80 grados centígrados. Un poquito más bajo, no muy caliente. Soy matero, como infusión no tengo otra. Tomo mate todos el día", concluyó.

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