La enfermedad del hígado graso no alcohólico es cada vez más común en todo el mundo. ¿Cómo se diagnostica y qué hacer para prevenirlo?
Por María Laura Rocchieta (*)
La enfermedad del hígado graso no alcohólico es cada vez más común en todo el mundo. Es una de las causas principales de enfermedad hepática en países industrializados y es una condición que puede progresar a cirrosis, fallo del hígado y tumor maligno hepático a lo largo de muchos años en un riesgo muy bajo, según cuales sean los factores de riesgos y causa asociada.
Es una entidad clínico histológica, donde hay una degeneración grasa de las células del hígado llamados hepatocitos, provocado por diversos factores patológicos, exceptuando el alcohol, que también puede provocar trastornos del órgano, pero en otro capítulo aparte. Suele encontrarse con mayor frecuencia en personas con síndrome metabólico.
Su prevalencia en población general es del 25 %. Es más frecuente en personas con sobrepeso y obesidad; y en mujeres (relación 1.5:1)
Algunos factores de riesgo son la obesidad central, hipertrigliceridemia, hiperinsulinemia, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2; y factores secundarios son asociado a drogas (corticoides, estrógenos, tamoxifeno, dialtiazem), cirugías (resección extensa intestinal), alimentación parenteral, desnutrición aguda, enfermedades especificas (enfermedad de Wilson, virus hepatotropos, patología autoinmune, etc).
Hígado graso no alcohólico: cómo se diagnostica
En cuanto al diagnóstico, puede realizarse con múltiples métodos complementarios no invasivos (ecografía abdominal, resonancia, elastrografía); pero el diagnóstico definitivo es con biopsia hepática.
La mayoría de los síntomas son silenciosos. Pero puede manifestarse con malestar en lado superior derecho del abdomen (hipocondrio derecho), cansancio; y en fases tardías manifestaciones de enfermedad hepática avanzada.
Es importante consultar con su médico para solicitar estudios de laboratorio y métodos por imágenes; y así evaluar si existe sospecha de hígado graso y su causa y tratamiento a seguir.
Si tenés síntomas persistentes que te preocupan, debés programar una cita con un profesional de tu equipo de atención médica.
En cuanto al tratamiento va a depender de la causa de esta entidad, es por eso que no existe un tratamiento probado y concluyente. Pero los cambios de estilo de vida son el pilar fundamental, y está orientado a mejorar el perfil metabólico, incluyendo el tratamiento del sobrepeso, obesidad, dislipemia, insulino resistencia y el control de diabetes.
En cuanto a los cambios de estilo de vida necesario, algunos son:
- Reducción de peso que sea evaluado y controlado por un profesional de nutrición
- Modificaciones en la dieta (reducir consumo de hidratos de carbono, azúcares, fritos, y alimentos ultra procesados)
- Ejercicio físico: actividad aeróbica al menos 45 minutos tres veces por semana
Existen algunos tratamientos farmacológicos para pacientes especialmente que tengan diagnóstico de patología que sea la causa del hígado graso.
Pautas para “prevenir”
- Sigue una alimentación consciente y saludable donde incorpores frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables.
- Evita el consumo de alcohol, azúcares simples y el tamaño de las porciones.
- Evita las bebidas con azúcar, como gaseosas, los jugos.
- Hacé ejercicio físico diariamente o mínimo tres veces por semana.
- Hacé tu control con médico de cabecera, y así además evalúa si no presentas ninguna condición que contraindique ese tipo de actividad física.
- Evitá fumar
- Sé ordenado con los horarios de tu alimentación, no saltees comidas, ni te acuestes al menos dos horas luego de la ingesta.
(*) Médica gastroenteróloga (MPNQN7527/ME4215/MRN8100/ME2503), de Leben Salud.
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