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La Mañana ajedrez

La pasión por jugar, enseñar y escribir entre peones, reyes y alfiles

Hace 59 años Nuncio Agostino aprendió a jugar al ajedrez, y desde entonces transmite su fascinación por este deporte a personas de todas las edades en un taller en la Casa de las Leyes.

“El ajedrez es una necesidad tan imperiosa como la literatura”, expresó Ivan Turgueniev, uno de los más destacados escritores rusos del siglo XIX. La afirmación del autor de "Memorias de un cazador" se refleja exactamente en la vida de Nuncio Agostino Ninone, nacido el 6 de agosto de 1951 en Messina, Italia, y radicado desde 1979 en la ciudad de Neuquén donde despliega con igual intensidad su obra literaria como también el juego y la enseñanza del ajedrez.

Nuncio conoció las piezas de ajedrez a los 12 años cuando era alumno pupilo en la Escuela Hogar Eva Perón de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires. “Dos maestros que teníamos en la escuela nos enseñaron a jugar al ajedrez. Nos dijeron que teníamos que aprenderlo. Algunos compañeros decían que era un juego aburrido; otros, como yo, nos entusiasmamos. Eramos 20 alumnos jugando, siete nos copamos, de esos siete tres nos hicimos fanáticos, entre ellos yo”, cuenta a LMNeuquén el hombre de 71 años mientras saluda a los alumnos que asisten al Taller de Ajedrez de Integración que se desarrolla los martes y jueves por la tarde en el Complejo Casa de las Leyes de esta ciudad.

Enrique Ostuni y Eduardo Garabaglia son los nombres de aquellos dos maestros de Nuncio que además de enseñarle matemática, lengua y ciencias naturales “nos enseñaron a mover las piezas y ejecutar algunos jaque mates elementales”, señala. Esos maestros le abrieron las puertas a este deporte que, según Nuncio, es “el rey de los juegos de mesa, que te enseña a pensar y a tomar decisiones".

Cuando habla de aquellos años en la escuela hogar se le iluminan sus ojos claros porque confiesa que allí pasó sus mejores años, más allá de las exigencias y de permanecer lejos de sus padres y hermanos. Esa mañana de 1959, cuando con solo 6 años atravesó la puerta de la escuela, nunca se imaginó que ese momento marcaría su pasión por el arte de escribir cuentos y poemas, y de mover las piezas en un tablero cuadriculado de 8x8 casillas. Las vivencias de aquellos años cuando vestía el delantal gris las recreó en su libro “Remembranzas del último partido”.

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La difícil situación económica que atravesaba su familia -Nuncio era uno de los seis hijos (cinco varones y una mujer) de inmigrantes italianos- obligó a sus padres a tomar la decisión de inscribirlo como alumno pupilo en esa institución, creada en 1953 por Eva Perón, para albergar a chicos huérfanos o de familias pobres, de padres separados o incapacitados para cuidar a sus hijos. Su padre estuvo en la Segunda Guerra Mundial y al terminar la contienda bélica vino a la Argentina. En febrero de 1953 llegó junto a su madre y sus hermanos. “Vinimos sin nada. Papá vendió una propiedad en Italia y, con ese dinero, que era muy poco, compró un lote en Merlo, provincia de Buenos Aires. Allí levantamos la casa y nos criamos", cuenta.

Precisa que el ajedrez es arte, ciencia y deporte. “Es arte porque hay jugadas que son extraordinarias, terminan siendo una obra de arte, y ciencia porque durante el juego hay que pensar y tomar decisiones importantes. Es un juego interminable, solo los grandes jugadores pueden hacerlo porque existe más de un millón de combinaciones de movimientos posibles”, explica. Recuerda que en el barrio eran pocos los amigos con los que podía jugar ajedrez, "ahora es más fácil porque uno prende la computadora y juega".

Nuncio destaca que si bien por la naturaleza de la competición existe rivalidad, también en el ajedrez se pueden forjar grandes amistades, “como dijo alguien, la batalla termina en el tablero, pero la amistad sigue en la vida”. Además de sumergirse en la lectura de libros de ajedrez, Nuncio leía las partidas que se publicaban en los diarios y trataba de analizarlas y reproducirlas ya sea solo o con algún amigo con su misma inquietud por este deporte.

En 1989 decidió hacer el curso para instructor "con el maestro internacional de ajedrez Mario Leskovar, y posteriormente para convertirse en árbitro.

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Todos los martes y jueves, Nuncio Agostino coordina el Taller de Ajedrez Integral en el Complejo Casa de las Leyes al que asisten jóvenes y adultos.

Todos los martes y jueves, Nuncio Agostino coordina el Taller de Ajedrez Integral en el Complejo Casa de las Leyes al que asisten jóvenes y adultos.

"El ajedrez es arte, ciencia y deporte. “Es arte porque hay jugadas que son extraordinarias, terminan siendo una obra de arte, y ciencia porque durante el juego hay que pensar y tomar decisiones importantes. Es un juego interminable, solo los grandes jugadores pueden hacerlo porque existe más de un millón de combinaciones de movimientos posibles”, explica Nuncio Agostino.

Asegura que todos los días juega alguna partida en la computadora. “Ingresas a una plataforma y elegís el tiempo que querés jugar; te eligen el rival de tu mismo nivel de juego, y comenzás a mover las piezas en la pantalla”, describe sobre su ritual cotidiano. En tanto, los sábados participa del torneo “Liga del Comahue” en el que juegan varios equipos de Neuquén y de otras provincias. Nuncio integra el equipo ”Sommelieres de Neuquén” junto a otros ajedrecistas de la ciudad.

Al taller de ajedrez que coordina en el edificio de la avenida Olascoaga 560 asisten numerosos jóvenes y también adultos. “Los chicos vienen a aprender, los jóvenes ya se acercan con la idea de jugar bien y convertirse en buenos jugadores, y los adultos lo hacen como entretenimiento”, explica. Y agrega que se trata de "un espacio para motivar e incentivar a las personas a formar parte de una disciplina que enseña a pensar y además generar el encuentro y la sana competencia”.

Comenta que a medida que los asistentes van pensando y moviendo los peones, alfiles y caballos, “voy conociendo el nivel de cada uno, entonces los hago jugar entre ellos de acuerdo al nivel que tienen para que las partidas sean más parejas y entretenidas; les corrijo jugadas, les sugiero cuál podría ser el mejor movimiento, les brindo algunos ejemplo de jaque mates”. Afirma que su objetivo "no es sacar campeones de ajedrez".

Considera que es un deporte que nunca se termina de aprender porque "cuanto más se juega más se quiere jugar y saber jugar. Solo los campeones alcanzan a interpretar todo lo que es el ajedrez. Uno puede tener en la mente dos o tres jugadas pensadas antes de mover una pieza, los campeones pensaron diez o veinte”.

Considera que el ajedrez, a diferencia de los deportes en conjunto, "cuando perdés la responsabilidad es personal y para mejorar sí o sí tenés que estudiar y de esa forma se agiliza la mente”.

En el taller también son varias las mujeres que se sientan enfrente del tablero. Comenta que algunas asisten porque quieren aprender a jugar, otras lo hacen desde siempre y quieren perfeccionarse y están quienes descubrieron el ajedrez por la exitosa serie “Gambito de dama”, lanzada por Netflix en octubre de 2020, basada en la novela del mismo nombre de Walter Tevis, protagonizada por la actriz argentino-británica Anya Taylor Joy que interpreta a Beth Harmon, que se convierte en campeona internacional en la década del ’60. “La aparición de Gambito de dama fue un furor, creo que ayudó a que muchas mujeres se animaran a jugar porque siempre se consideró al ajedrez un ámbito exclusivo para los hombres, y las mujeres son capaces de jugar una partida a la par de los varones", explica.

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"En el ajedrez se pueden forjar grandes amistades, como dijo alguien, la batalla termina en el tablero, pero la amistad sigue en la vida”, afirma Nuncio Agostino que a los 12 años aprendió a jugar al ajedrez.

La pandemia de coronavirus también provocó una explosión del juego por internet ya que ha sido uno de los deportes que más creció durante el tiempo de encierro. “Uno se sienta a jugar y no parás, porque si le ganas a tu rival, éste te va a pedir la revancha, y lo mismo si ocurre lo contrario, y todo en un ámbito de cordialidad y respeto mutuo, y de esta manera jugás cinco o seis partidas con el mismo rival”, relata.

Afirma que siempre lo jugó y lo enseñó, por eso se inclina más al ajedrez educativo y no tanto al competitivo. Considera que es importante que el ajedrez recreativo se pueda enseñar en las escuelas primarias y secundarias.

“Los dos ejércitos alineados/ en formación de combate/ están sobre el tablero/ para comenzar la partida/ es una batalla de ideas/ y ambos jugadores/ saben que no hay azar ni suerte”, escribió al comienzo de "La batalla" en el que retrata una partida de ajedrez en prosa poética.

Rescate de la historia regional

Luego de más de 55 años jugando ajedrez, habiendo realizado cursos de instructor y árbitro, ejerciendo la docencia en bibliotecas populares, escuelas, clubes y diversas entidades deportivas y culturales, y de haber publicado tres libros como poeta ("De lo que aprendí algo escribí", "No te vayas" y "Remembranzas del último partido") Nuncio Agostino escribió el libro “Historia del ajedrez de Neuquén”, que editó en 2018.

Para escribirlo, el autor investigó y recopiló numeroso material de los archivos históricos de la provincia y de la ciudad de Neuquén, consultó diarios, libros y revistas para conocer fechas y sucesos importantes de este deporte en la región. Además entrevistó a los más destacados ajedrecistas de la región como Mario Leskovar, Miguel Litovicius, Ricardo Pacheco, Marcelino Huemul, entre otros; rescató torneos y las visitas de los grandes maestros del deporte como Robert "Bobby" Fischer, en septiembre de 1971, donde jugó en el Club Pacífico veinte simultáneas, ganando 18, entablando con Fernando Reyes y cayendo derrotado en la movida 43 frente al campeón provincial Jorge Zarate, a quien felicitó con un abrazo y le pidió la partida para estudiarla. La presencia de Fischer en Neuquén, ocurrió un año antes de que se consagrara campeón del mundo tras derrotar al soviético Boris Spassky en el llamado "Encuentro del Siglo".

En el libro recordó que Felipe Sapag, quien fuera tres veces gobernador de la provincia y con una gran vocación por el ajedrez, en los años 40 era considerado el mejor jugador de la zona disputó la final de un torneo en Plaza Huincul, cuyo resultado fue tablas.

Nuncio Agostino confiesa que a la largo de su vida realizó diversos trabajos y oficios desde repartidor de leche, armador y vendedor de sillas y canasteros de mimbre hasta vareador en el Hipódromo de San Isidro. "En una época quise ser jockey pero abandoné cuando no pude ingresar a la Escuela de Aprendices por el hecho de encontrarme excedido en peso y altura”. A fines de los años '60 comenzó a viajar en un camión como acompañante de uno de sus hermanos mayores y luego de obtener su registro de conductor viajó por todo el país como chofer de cargas generales y vendedor ambulante de artesanías de artículos de mimbre. Parece ser que tanto viaje agilizó en Nuncio su poder de observación, y así fue que comenzó a llevar cuadernos donde anotaba todo lo que veía, todo lo que sentía en esa infinidad de paisajes recorridos, lo que fue canalizando en poemas y relatos que muchos años después incluyó en sus tres libros publicados.

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Además de tres libros de relatos y poemas, Nuncio Agostino publicó en 2018 el libro

Además de tres libros de relatos y poemas, Nuncio Agostino publicó en 2018 el libro "Historia del ajedrez de Neuquén".

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