InteLego permite que los niños desarrollen habilidades sociales, emocionales y motrices con los famosos ladrillitos. Luciana y Agustina mostraron el detrás de escena de la propuesta.
Detrás de la fachada de un chalet de Santa Genoveva se esconde el club InteLego, un espacio para aprender jugando con los famosos ladrillitos de colores. En este lugar, los Lego abandonan su rol de juguete infantil y se convierten en una excusa para generar una terapia que desarrolla habilidades sociales, emocionales y de motricidad fina entre niños y adolescentes de Neuquén.
Las mentes detrás del proyecto son las de Agustina Blanco y Luciana Salvadó, dos psicólogas y psicopedagogas que se conocieron trabajando en un colegio bilingüe de Cipolletti y buscaron una alternativa para ir "un poco más allá de la terapia individual en el consultorio". Así optaron por la alternativa de crear un Club Lego, una propuesta que ya existe en distintas ciudades del mundo y en otros consultorios de la región, basado en las experiencias del neuropsicólogo Daniel LeGoff.
"Se nos ocurrió poder presentar una alternativa a través del juego, a través de los grupos, donde los chicos también se encuentren en un espacio distinto y puedan fomentar un montón de habilidades sociales y funciones ejecutivas que estábamos trabajando, pero de forma individual", explicó Agustina sobre la propuesta, que lleva un año de historia en Santa Genoveva.
Aunque muchos niños llegan tentados por la idea de sólo jugar con ladrillitos, o hasta motivados por la nostalgia que sienten sus padres por los juguetes de su infancia, lo cierto es que detrás de un Club Lego hay un abordaje más complejo del desarrollo infantil.
Luciana aseguró que los ladrillos son sólo una excusa para ponerse a jugar. "Cuando los chicos están jugando ahí se relajan, pueden crear libremente, sentirse seguros y nosotras como profesionales de la salud vamos guiando las interacciones que surgen y los desafíos que aparecen en ese momento", dijo y añadió: "En realidad hoy el Lego es una herramienta, pero nosotras integramos un montón de de diferentes estrategias con nuestra formación, las dos somos psicólogas y psicopedagogas y tenemos formación en neurociencias, en diversidad, en sensorial, en ámbito escolar, y en mindfulness.
"Entonces, todas estas cosas las ponemos en práctica mientras los chicos están jugando", agregó sobre el espacio de calle Río Diamante, donde se disponen las mesas con cajas repletas de legos de colores y hasta sets más complejos que, en muchos casos, requieren que los chicos trabajen en equipo y avancen con la construcción semana a semana, una estrategia útil para entrenar la paciencia y el poder de concentración.
InteLego es mucho más que sólo jugar con ladrillos de colores. Entonces, ¿por qué lo eligen las familias? Las coordinadoras del espacio explicaron que en los talleres, que se dividen por edades, hay distintos perfiles.
"Hay chicos que tienen más cuestiones con la timidez, con sus desafíos en el lenguaje, conductuales, o con funciones ejecutivas, por ejemplo, un chico que comienza a primer grado, y que le está costando escribir o que no tiene buena aprehensión, motricidad fina, para poder agarrar el lápiz, para poder usar los materiales en de escolares", aclaró Agustina.
"Muchas veces también el juego de Lego es muy frustrante. Por eso Luciana resaltaba esto de la tolerancia a la frustración, porque si te equivocas en un paso tenés que volver a atrás, tenés que desarmar, volver a armar, ver dónde te equivocaste. Todo ese trabajo que es interno", explicó.
Y agregó: "Esto ayuda mucho porque hay mucho de atención, concentración, la grupalidad te da también un montón de herramientas para compartir, negociar, llegar a acuerdos a través de la palabra y todo lo que es motricidad fina también se trabaja mucho".
Si bien aconsejan los talleres a niños a partir de los cinco años, ya que se trabaja con piezas pequeñas, las dos realizan entrevistas preliminares y reuniones de prueba, donde analizan si los niños pueden adaptarse a las actividades y sacar provecho de taller para apalancar su desarrollo. En muchos casos, se trabaja a través de derivaciones: ya sean los docentes o pediatras que aconsejan acudir a un club Lego o las propias coordinadoras, que proponen un tratamiento complementario con psicomotricistas y otros profesionales.
El espacio más esperado por los niños
Luciana y Agustina ofrecen talleres de una hora que se dictan una vez por semana y en grupos divididos por edades o por sus necesidades cognitivas. Para los chicos del taller, el día de InteLego es el más esperado de la semana.
"El año pasado teníamos un grupo los miércoles y los chicos se levantaban a la mañana súper entusiasmados porque era miércoles y era el día que venían a Club Lego. Eso fue bastante comentado por las familias y también fuimos viendo que tal vez al inicio había chicos que no podían terminar de construir algo y a fin de año lograban sostener la atención todo el tiempo y poder terminar y mostrar o comentar al otro lo que habían realizado", aclaró, orgullosa, Luciana.
"Muchas veces los chicos son derivados por la escuela o por pediatras a un espacio terapéutico y los papás eligen el club porque les parece que es como iniciar algo un poco más eh más cercano a los chicos", indicó Agustina sobre el magnetismo que tiene el espacio, lleno de colores y con juguetes que muchas veces los niños ya tienen en casa.
Pese a que algunos de los niños que concurren a los talleres después piden más sets de Lego para jugar en su casa, las profesionales diferenciaron el Club Lego de un momento de juego en familia, que puede ser divertido pero que no se complementa con el abordaje terapéutico que ellas proponen. En cada hora del club, hay reglas y dinámicas específicas que ellas planifican para trabajar diferentes aspectos del desarrollo.
Para este año, esperan concretar eventos abiertos en la primera semana de enero, con el objetivo de que más familias conozcan el espacio y prueben si sus hijos se adaptan a las actividades. Según Agustina, en muchos casos abordan la regulación emocional como un desafío familiar, con mucha presencia de los padres y hermanos, por lo que estos eventos también sirven para trabajar esos vínculos.
"Siempre tenemos una devolución, un ida y vuelta con la familia que es muy importante, porque lo sostenemos durante todo el año", dijo sobre la extensión anual de los talleres, que en muchos casos permite que se despierten otras consultas o inquietudes de los niños, como casos de bullying o de emociones que comparten cuando se afianzan los vínculos dentro del taller.
"Vemos chicos que llegan muy tímidos y con el paso de los encuentros, en el contexto del juego, se van soltando", dijo Agustina y aclaró que la ventaja de los Lego es que se trata de un juego tanto estructurado como desestructurado. Así, los chicos pueden seguir las instrucciones de armado de los manuales o usar los bloques a su antojo para crear figuras que ellos mismos inventan.
Aprender jugando con Lego
Después de un año de trabajo que sirvió para afianzar el taller, las coordinadoras del espacio dieron un paso más allá. A los Legos tradicionales se sumaron los sets de Lego Education, conocidos como Steam, que son equipos robóticos y proponen otros desafíos de aprendizaje.
"Hay habilidades de ciencia, tecnología, matemática, arte que están incluidas porque es armar también un set donde después a eso se le da movimiento, se le da vida, ¿no?, a ciertas producciones que pueden hacer, lo que también les fascina, les encanta y está muy bueno porque ahí apuntamos a otro tipo de de habilidades y de desarrollo", dijo Agustina y agregó: "Se puede jugar más porque tiene muchas funciones de programación que les pueden cambiar las variables. Entonces es infinita la cantidad de cosas que pueden hacer y la verdad que es muy divertido para ellos".
Luciana y Agustina participaron el año pasado de una formación presencial con Daniel LeGoff, el neuropsicólogo que creó la Legoterapia, y allí pudieron tomar dimensión del crecimiento que tuvo la disciplina en el último tiempo. "Ya la habíamos hecho antes de forma virtual, pero el año pasado vino a Buenos Aires y pudimos hacer con él y había gente de todos lados, de todo el país y de todo Latinoamérica, así que fue una experiencia muy linda", recordaron.
Este verano, mientras planifican los talleres del año, ya abrieron la agenda para reunirse con las familias y encontrar el abordaje adecuado para cada niño o adolescente que pueda aprovechar del Club Lego, un espacio tan lúdico como cargado de aprendizaje.
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