El clima en Neuquén

icon
29° Temp
26% Hum
La Mañana carnavales

¡Prohibido disfrazarse de cura!: Aquellos carnavales de la antigua Neuquén

Una serie de limitaciones sorprendieron al pueblo en la década del 30. ¿Se podía jugar con agua? ¿Cómo reaccionaron los vecinos?

La noticia apareció en el diario y sorprendió a todos. Las prohibiciones y regulaciones que habría para los carnavales de 1934 no cayeron para nada bien entre los vecinos de la ciudad de Neuquén. Eran una serie de limitaciones que le quitaban frescura al tan esperado corso y a los propios festejos que el pueblo disfrutaba durante los veranos agobiantes de la época.

La disposición la firmó el presidente del Concejo Municipal Evaristo Santamarina el 25 de enero de 1934. Lo hizo con anticipación para adelantarse con tiempo a la tradicional fiesta de febrero, teniendo en cuenta los largos preparativos que se hacían en los barrios para confeccionar disfraces, fabricar carrozas y coordinar las comparsas.

La reglamentación del corso había sido redactada de puño y letra. Constaba de cinco artículos y era más que explícita como para que no hubiera lugar a confusiones o interpretaciones.

Carnaval.jpg
Las prohibiciones del Presidente del Concejo Municipal, Evaristo Santamarina (Archivo Municipal)

Las prohibiciones del Presidente del Concejo Municipal, Evaristo Santamarina (Archivo Municipal)

“Queda terminantemente prohibido jugar con agua y otros elementos que perjudican y molesten al público durante las horas del corso”, rezaba el primer artículo.

Las entretenidas guerras de agua se realizaban en las tardes en todos los barrios del pueblo y participaban tanto adultos como niños. Por lo general, los combates tenían lugar cerca de las acequias que pasaban al lado de las veredas y eran ideales para recargar baldes, pomos y cualquier artículo que sirviera de contenedor de agua. Todo era bienvenido para divertirse y refrescarse en aquellos veranos donde las sombras no abundaban y muchos árboles eran todavía una esperanza a largo plazo.

“No podrán transitar en el corso jinetes a caballo, a excepción de la Policía y de los comisarios del corso, estos últimos designados por la Comisión de Fiestas", decía el segundo artículo.

En la década del 30, el caballo y los carros de tracción a sangre, eran un medio de transporte habitual en los sectores rurales. Todo indicaba que quienes fueran a participar en el corso deberían dejar a sus animales en algún lugar alejado del gentío, algo incómodo para aquellos que tenían expectativa de andar al galope durante los festejos o regresar rápido cuando todo terminara.

Pero las reglamentaciones de las autoridades no quedaron ahí. También se metieron con los atuendos que usarían los vecinos para divertirse.

Carnaval foto 2.jpg
Una carroza improvisada para participar en el corso. Una postal de otra época (Archivo Municipal)

Una carroza improvisada para participar en el corso. Una postal de otra época (Archivo Municipal)

“Queda igualmente prohibido usar como disfraz traje de militar, de clérigo o todo aquel que pueda afectar la moral pública”, rezaba el artículo número tres. Las disposiciones se cerraban con la advertencia de una multa de 10 pesos por la primera vez y de 20 en caso de reincidencia.

Indudablemente las prohibiciones no cayeron nada bien entre los vecinos, pero los festejos del carnaval se realizaron con todo el color y la alegría de siempre.

El corso tuvo lugar en las calles Sarmiento y Mitre, entre Corrientes y San Luis durante los días 11, 12, 13, 16 y 17 de febrero de 1934, según la reglamentación del Concejo Municipal. ¿Cómo se comportó la gente? ¿Cumplió las reglamentaciones? Las respuestas quedaron atrapadas en la historia.

Cómo se festejaban los carnavales en tiempos de crisis

La alegría del carnaval en Neuquén era contagiosa y las fechas para los festejos siempre se esperaban con mucha expectativa entre los vecinos. Además del corso, se realizaban los bailes de disfraces en los clubes Independiente y Pacífico. También se hacían cenas y distinto tipo de actividades para celebrar esta fiesta pagana.

Tal era el entusiasmo que generaba que ni siquiera las crisis económicas –tan cíclicas y recurrentes en el país- ponían en duda la realización de festejos. Ni siquiera las peores.

Carnaval chaya.jpg
Las guerras con agua que comenzaron en la zona centro del país y se extendieron a todo el territorio (Diario de Cuyo)

Las guerras con agua que comenzaron en la zona centro del país y se extendieron a todo el territorio (Diario de Cuyo)

Un artículo del diario El Territorio, a principios de los años 30, informaba que el club Independiente estaba organizando una gran fiesta de carnaval, en medio de la gran depresión económica que en aquel entonces había paralizado al mundo. Si las provincias estaban complicadas con la crisis no es difícil imaginar cómo estaban los territorios nacionales, siempre postergados y olvidados por los gobiernos centrales a la hora de enviar partidas presupuestarias.

Decía el artículo que la decisión del club era digna de elogios, pero se preguntaba cómo harían los neuquinos para festejar si no había recursos.

“¿Quién tiene dinero en Neuquén estando los sueldos atrasados? Todos vivimos directa o indirectamente de los sueldos de la Gobernación, Policía, Correos y Telégrafos, Magisterio, Puentes y Caminos, etc, y el comercio, principal contribuyente para la realización del corso, se encuentra estancado a causa de la falta de pagos”, rezaba la breve editorial.

En efecto, la administración pública dependía de las remesas que enviaba el gobierno nacional para pagar los salarios. En esos tiempos, los envíos se atrasaron y las cadenas de pago se cortaron como indicaba el diario, aunque aquella noticia publicada tenía un remate esperanzador: “A pesar de todo sabemos que no falta la buena voluntad. ¡No hay plata, pero haremos un esfuerzo más!”.

Con ese espíritu de superación los vecinos de Neuquén vivieron esa y muchas otras fiestas a lo largo de la historia. Con poco y con nada, en los barrios improvisaron carrozas, construyeron disfraces con trapos coloridos, jugaron guerras de agua en las siestas infernales, se emborracharon de alegría y bailaron muchas noches hasta la salida del sol.

De aquellos días de juerga austera y contagiosa quedan hoy postales descoloridas y el recuerdo de los viejos.

Y hoy salen a la luz algunos documentos que, aunque para la época eran serios, reflejan la simpleza, la ternura y el encanto que tenía la aldea cada vez que llegaba febrero de la mano del canarval.

(Fuente: Archivo histórico municipal)

Te puede interesar...

Lo más leído

Leé más

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario