Pedro Jofré asumió su responsabilidad y fue condenado por intento de homicidio, en un juicio abreviado, por los incidentes en julio pasado.
El aire que se respira en el Palacio Municipal es denso. No se ve el movimiento habitual de personas en los pasillos, mucho menos en las oficinas. En la puerta del edificio, del lado de adentro, seis policías uniformados esperan desde las 8 de la mañana. En la oficina de la CIAP (donde se discuten las cuestiones de los trabajadores), la que da a calle Rosas, hay más movimiento que el de costumbre. Allí están los del sindicato. El “Sapo” Andrade, dirigente de ATE, habla por teléfono con distintas personas desde muy temprano. El resto de los “compañeros” observan atentamente cada movimiento de su líder. Ellas, las mujeres del grupo, no están tranquilas. Se sienten raras. La sensibilidad femenina suele no equivocarse.
Sobre calle Belgrano, a dos cuadras y media de ese lugar, un grupo de personas con pecheras verdes comienza a ocupar la calle. Los redoblantes y un megáfono le ponen ritmo y color a una jornada que terminará oscureciéndose con el correr de los minutos. El color verde y blanco que los identifica, no tardará en convertirse en rojo, de sangre y de estar a un paso de convertirse en negro, de luto. El líder de este grupo, Carlos Quintriqueo, secretario general de ATE y CTA Neuquén, también habla permanente por teléfono. Se lo nota irritado, ansioso, intranquilo en sus gestos corporales. Camina de un lado a otro, intenta disimularlo en su rostro, pero sus piernas no paran de moverse; su mano izquierda (con la otra sostiene el celular) no para de gesticular.
Federico Soto (“Fede”) es fotógrafo profesional desde hace muchos años. Hoy, trabaja como reportero gráfico del diario LMNeuquén, y suele ser uno de los pocos fotógrafos que concurre a cada hecho informativo de la ciudad. Junto con un colega llegaron sobre el desarrollo de la marcha -que tan solo iba a durar 200 metros- para cubrir el evento, como tantas otras veces lo hicieron.
Elena es trabajadora municipal. Cumple funciones en la oficina de Recursos Humanos. Hoy vino a trabajar como cada mañana. Hace unos meses perdió a su marido, quien sufría una grave enfermedad. Aún se está recuperando de ese golpe que le dio la vida.
Los teléfonos de los funcionarios se encuentran al rojo vivo. Los “chats” de WhatsApp al principio cuidado de audios, para evitar que se filtren las conversaciones, se transformaron en conversaciones permanentes, entrecruzadas. Ya se percibe que lo denso del aire, se hace cada vez más pesado.
La marcha
El grupo de personas, en el que se veían rostros desconocidos fáciles de reconocer (o no reconocer) en una ciudad de tan solo 40 mil habitantes, comenzó su marcha -más acelerada que de costumbre- por Avenida San Martín. Entre ellos hay dos o tres tipos con aspecto de matones; de contextura grande, pero, además, con comportamiento de matones. Se percibe en su caminar. Llevan cara seria, rostro firme, sacando pecho, manos grandes y antebrazos pegados al torso. Caminan con paso acelerado y observan todo a su alrededor.
En el Palacio
Adentro del edificio ubicado en la esquina de calles Roca y Rosas, varias personas ya eligieron abandonar su lugar de trabajo. La presencia de la policía y el aire denso que se corta con miradas serias de ojos rabiosos, hicieron que muchos prefieran evitar presenciar en primera persona, algo que parece estar escrito. Otros, los del sector del sindicato que representa a los trabajadores municipales, atrincherados, deciden quedarse a “cuidar su lugar”. “Nosotros vamos a defender el edificio”, dicen.
En la Plaza
Los “manifestantes” convocados por reclamar por la situación “laboral” de una compañera, llegaron a la plaza San Martín, ubicada frente al Municipio. Allí, detienen su marcha. Con pancartas y cánticos comienzan a acercarse de a poco al edificio.
La primera piedra
Fue una primera piedra -quizás un pedazo de baldosa- la que desata la furia y el enfrentamiento entre cada uno de los “bandos”. El objeto pesado impacta contra uno de los grandes ventanales del salón municipal ubicado en el primer piso del Palacio. El resto, comienzan a dar en las ventanas de las oficinas de la planta baja. Los de adentro, abren las puertas y salen (hombres y mujeres) a enfrentar la situación. Golpes de puño, tirones de pelo, práctica de distinto tipo de agresiones entre unos y otros, hasta que se escucha un primer disparo. Y luego el segundo, el tercero. Y otros tantos. Al menos, eso cuentan quienes estaban ahí.
La foto
En la mira de la cámara de Federico, se ve un hombre de gran porte, Pedro Jofré, con cara de “sacado”, portando un revolver en su mano derecha. Lo apunta directamente a él, lo tiene en la mira. Si tienen mutuamente en la mira. Los disparos -de la cámara- son varios, seguramente muchísimos en tan solo un segundo. Pero son dos de ellos los que le dan vida (o casi muerte) a ese momento preciso de la mañana. Posiblemente, sea la foto de su vida.Pedro Jofré asumió su responsabilidad y fue condenado por intento de homicidio, en un juicio abreviado.
Pudo haber sido su última foto.
La huida
El disparo del arma, en ese segundo, es uno solo. Queda “capturado”. Queda capturado el disparo, porque el autor logra salir corriendo. Corre una cuadra, detrás de él van varios policías. Abandonó el arma hace unos metros y lo tiró en el cantero del Concejo Deliberante. Luego lo pierden de vista. Se esfumó.
15 minutos
Los próximos quince minutos, el hombre de los disparos, los va a pasar escondido en un local ubicado sobra la calle Perito Moreno. Es un lugar en donde se realiza cambio de divisas y es por eso que tiene una especie de locutorio con vidrios ploteados y oscuros, para dar privacidad a la gente que se acerca con dinero.
Luego de estar metido quince minutos ahí dentro, en los que posiblemente habló por teléfono con varias personas, el hombre de los disparos, decide salir. Sobre la calle lo espera una camioneta blanca. Logró escapar. Dentro de unos minutos se va a teñir el pelo y va a tratar de salir de la provincia (quizás del país), pero -quizás- por recomendaciones de sus lideres, va a entregarse y a ser imputado por tentativa de homicidio.
La herida de bala
Elena sale en medio del conflicto a acomodar su auto. El vehículo está estacionado sobre calle Rosas, en el lugar donde lo deja habitualmente. También lleva consigo las llaves del auto de Vero, la cuñada del “Sapo” y mano derecha del mismo en el sindicato. Su misión es sacar de “la mira” los dos vehículos. Logra sacar el suyo primero. Se está por subir al Peugeot blanco de su compañera y escucha un disparo. Siente el ardor en la zona del glúteo. No sabe bien de que se trata, es la primera vez que recibe un disparo. Le dieron. Más tarde, en el hospital, la van a intervenir quirúrgicamente y quedará fuera de peligro.
En los próximos minutos
En unos minutos, en los títulos de los diarios regionales y locales, se podrán percibir los intentos de uno y otro sector por contar su propia verdad de los hechos. Seguramente, se intentará politizar lo ocurrido. Seguramente, habrá intenciones de capitalizar y minimizar un hecho en el que varias personas podrían haber muerto. En medio de una temporada turística con récord de visitantes, San Martín de los Andes, fue testigo de uno de los eventos más violentos de los últimos años en el pueblo, que ya no es pueblo, es ciudad.
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