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La Mañana Día del Trabajador

Viejos oficios y trabajos que quedaron en el recuerdo

Algunos fueron reemplazados por la tecnología; otros, por el desarrollo de los pueblos, pero todos sirvieron como sustento para miles de familias.

Son trabajos que quedaron perdidos en el tiempo. Algunos fueron reemplazados por la tecnología; otros, por el desarrollo de los pueblos. Todos por igual sirvieron de sustento a miles de familias que habitaron la provincia de Neuquén hasta no hace tanto tiempo.

En los primeros años de la ciudad como capital del territorio la vida era difícil. Los primeros pobladores tuvieron que enfrentar grandes dificultades para obtener cosas tan indispensables como el agua.

Si bien en un comienzo se instaló una bomba que traía el agua de río hasta la zona centro, hubo necesidad de reforzar el servicio casa por casa a través de un aguatero.

Este singular oficio se realizaba con un carro tirado por tres mulas. Francisco Bezerra fue el primer aguatero que tuvo la ciudad y fue el mismo quien les pidió a las autoridades municipales la ayuda para comprar los animales y la madera para construir el vehículo. Una vez logrado, fue el encargado de llevar el agua a decenas de viviendas y escuelas y también el responsable de regar las plazas en las que recién comenzaban a crecer los primeros árboles y las primeras plantas.

Otro oficio similar, pero no menos importante fue el del hielero, encargado de transportar enormes barras para alimentar las viejas heladeras de madera en las que los neuquinos conservaban los alimentos y mantenían frescas las bebidas.

Hubo comercios que se dedicaron a la venta de hielo con el servicio casa por casa para abastecer al pueblo. La llegada de las primeras heladeras de querosene y luego las eléctricas, terminaron con el trabajo de los repartidores.

Alimentar a la población y luchar contra la desnutrición infantil fue un trabajo titánico en los primeros años de Neuquén como capital del territorio en la Confluencia. Uno de los oficios que resultaron claves para lograrlo fue el de lechero. Con carros repletos de tachos, el encargado de la distribución de leche concurría a las escuelas y también recorría los barrios ofreciendo su servicio a viva voz para que los vecinos salieran con botellas de vidrio a recibir el preciado producto. Hasta avanzada la década del 60 el oficio de lechero existió en la capital.

Otro noble trabajo que contribuyó a la alimentación de los neuquinos fue el de pescador, que también se extendió hasta mediados de los 70.

Los más viejos todavía recuerdan a René, un hombre que vendía pescados y mariscos con un rastrojero que tenía una pequeña cámara frigorífica. La mercadería llegaba desde Río Negro y René la ofrecía por todos los barrios anunciándose a través de un megáfono instalado en el techo del vehículo.

En la memoria de muchos también estarán guardadas las imágenes de un oficio muy pintoresco que ocupaban, especialmente, las mujeres.

Las telefonistas fueron testigos directos del crecimiento que tuvo la ciudad y estuvieron involucradas en la vida social de los neuquinos. Pedirle a la operadora que comunicara a alguien con otro usuario cuando llegaron las primeras líneas telefónicas fue algo cotidiano durante varias décadas hasta que la tecnología avanzó, primero con llamadas directas y luego con la revolución digital.

Seguramente hubo otros trabajos y oficios que quedaron perdidos en el tiempo, que les dieron sustento a miles de familias y que fueron indispensables para el desarrollo de la ciudad.

En el Día del Trabajador y a modo de homenaje bien vale recordarlos como parte de la historia, la cultura y esa rica identidad neuquina que se alimenta y se transforma todos los días.

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