Nosotros los nigerianos

Gritos de alegría, bocinazos y euforia. Así festejaron en Argentina los dos goles de los nigerianos.

Sufrimos, gritamos, festejamos, nos amargamos. Los argentinos somos apasionados en todo, pero en el fútbol, particularmente, somos increíbles.

Ayer, con motivo del partido entre Islandia y Nigeria, ocurrió algo insólito, aunque esperable. Sabíamos que después de la catastrófica derrota de la Selección Nacional frente a Croacia, dependíamos de ese partido. Si era posible, un triunfo de Nigeria. O al menos un empate.

Pasado el mediodía, en pleno encuentro y con los nervios de punta, en muchos barrios neuquinos, como seguramente ocurrió en otras ciudades del país, llegó una explosión contenida de sentimientos cuando el africano Mussa metió un zapatazo increíble que casi rompe la red de los islandeses. El gol rompió la calma en las oficinas, hogares, comercios y hasta supermercados.

En cualquier lugar donde había una pantalla transmitiendo el partido hubo una respuesta inmediata con un grito de triunfo. En las calles los autos tocaban bocina y el humor parecía haber cambiado frente a un encuentro que parecía bien difícil.

Lo mismo ocurrió con el segundo gol (del mismo jugador) y cuando los islandeses erraron un penal casi al final. Explotamos de alegría.

Más allá de las chances reales que tiene la Selección de clasificar a octavos de final (ahora queda el último encuentro el martes), este 22 de junio quedará en la memoria de muchos como el día que los argentinos nos convertimos en nigerianos y que estuvimos cortando clavos y expectantes por un partido que hace menos de una semana nadie hubiera tenido demasiado en cuenta si los planes iniciales se hubieran cumplido.

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