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La Mañana

Nuevo mapa vitivinícola

Si hasta el despertar de la Patagonia Norte los vinos nacionales se elaboraban todos en áreas desérticas, ahora llegan los de la Pampa húmeda.
Por JOAQUÍN HIDALGO

En el sur de la provincia de Buenos Aires se cocinan algunos proyectos que son la antítesis de lo que bebemos a diario. Algunos ya están a la venta.

Cuesta hacerse a la idea de la Pampa húmeda como productora de vinos. Pero mientras que a la imaginación se esfuerza por cruzar las fronteras, algunos productores del sur de Buenos Aires fueron más lejos y están haciendo vinos. Incluso algunos ya pueden comprarse en la góndola desde este mes.
Por descabellado que suene, hacer vinos en la periferia de la Pampa húmeda no es un contrasentido. En nuestro país la historia de la vitivinicultura lleva siglo y medio atada a la producción de zonas marginales, donde otros cultivos rentables fracasarían. Si la soja se puede sembrar a cielo abierto y en forma directa, la vid requiere cuidados permanentes para su plantación que la llevaron a parajes más remotos. Una hectárea pampeana rinde más con soja que con vid, está claro. Pero el sueño de la gran alfombra verde que hizo de Argentina el granero del mundo no es precisamente una verdad uniforme.
Nos explicamos. En el sur de la provincia de Buenos Aires la Pampa húmeda entra en una zona que ni chicha ni limonada. No sólo sirve para soja, también para cebollas, ajos y tubérculos como la papa. Pero ahí el oeste mendocino compite con mejores armas de sanidad. Entonces ¿qué plantar? Ésa fue al pregunta que se hicieron los propietarios de Aleste, una bodega ubicada en Médanos, al sur de esa provincia. Y la respuesta fue: vides.

Bordeaux en Argentina
Este cronista recuerda una charla que en 2003 tuvo con un ingeniero agrónomo ducho en las artes del descubrimiento. Hernán Cortegoso había hecho un estudio comparado hacia el 2000 buscando aquel rincón del mapa argentino que tuviera las mismas condiciones que Bordeaux en Francia. Y aquel año secreteaba el hallazgo como sólo un buscador de oro puede hablar de una veta recién econtrada: «Tandil, Sierra de la Ventana, en menor medida Bahía Blanca», enumeraba.
Si uno presta atención al mapa de la vid en el mundo, la primera conclusión que saca es que el desierto no es la regla sino la excepción. Y en ese sentido, toda Argentina –hasta ahora– ocupó el lugar insólito, acompañado en menor medida por Australia. En la vereda de enfrente, zonas como Bordeaux y la Champagne tienen una fuerte influencia oceánica, donde el mar es el pulmón del área: morigera los saltos térmicos, regula la humedad relativa y produce las nubes que reducen el sol.
De ahí que, puestos a pensar dentro en nuestro país, qué zona pudiera funcionar de forma similar, el sur de la provincia de Buenos Aires salta de inmediato: cumple los requisitos de latitud, luminosidad y cercanía al océano. La única diferencia, importante sin dudas, es que el factor heladas es crítico por influencia del Polo, como bien saben quienes viven en la Patagonia.

Las nuevas bodegas
Junto con Aleste, la bodega de Médanos que acaba de presentar sus vinos al mercado (Aleste y Terrasabia), hay una en camino sobre los faldones de Sierra de la Ventana y un emprendimiento vitivinícola en las blandas lomadas graníticas de Tandil, que debiera elaborar vinos en la cosecha 2009. A ellos se suma Océano Patagonia, en las inmediaciones de Viedma, con algunas vendimias a cuestas.
Los productos que salgan de estos emprendimientos vienen a refrescar el panorama de estilos y terruños en nuestro medio. Si bien cultivan las mismas uvas, con Malbec, Merlot, Cabernet y Tannat a la cabeza, además de Chardonnay y Sauvignon Blanc, y son los mismos enólogos y asesores que en otras zonas del Oeste, hacen la diferencia en que, para nosotros consumidores, la influencia del mar permite vinos distintos con un terruño que resulta novedoso al paladar local.
Son ligeros y veloces en la boca, algo que en su momento fue descripto como aguados, pero con gran intensidad gustativa. Esa ecuación de liviandad y potencia es un lugar que estaba vacante en los vinos nacionales. Habrá que esperar algunos años hasta que la zona se desarrolle y ahí juzgar el éxito de la apuesta. Su aparición, por ahora, es una buena noticia.