Otra cesión petrolera
Otra vez, los trabajadores petroleros cederán plata y condiciones laborales en pos de una nueva reactivación de Vaca Muerta. Ambas cosas están en danza en los trascendidos del acuerdo petrolero que debaten los sindicatos y las empresas que tienen negocios en la Cuenca Neuquina. En 2017 se firmó la denominada adenda petrolera, que entre otras cosas implicó una pérdida en los bolsillos de los trabajadores. El presente acuerdo tendrá efectos parecidos a aquellos para los trabajadores.
Esta vez, la realidad es más dura que la de 2017. En enero de ese año, la adenda cayó de madura tras un año de tira y afloja entre las petroleras y los sindicatos con el empresario Juan José Aranguren, entonces ministro de Energía del macrismo, como árbitro. Los yacimientos venían con un importante parate de un año respecto de lo que habían vivido en 2014 y 2015. Ahora la actividad está paralizada en niveles nunca vistos. La pandemia le dio el golpe de gracia a un negocio que fue seriamente dañado por las decisiones finales del gobierno macrista y alcanzó a ser reparado por la administración peronista que lo sucedió antes de entrar en las restricciones a la circulación para enfrentar al coronavirus.
La receta para la reactivación de hoy se parece a la del 2017 en el capítulo de los trabajadores, que cederán el carácter remunerativo de los adicionales al salario. Aquella vez, el ajuste y la flexibilización fueron acompañados de una millonada en subsidios para un puñado de empresas. Esta vez, el capítulo del Estado está en veremos. Por ahora, se impuso el barril criollo, que fue sostenido por quienes cargan combustibles.
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