El plan para resolver con agua de mar la crisis hídrica de una importante ciudad de la Patagonia
Depende de un acueducto de casi 100 años que bombea desde un río lejano. El proyecto apunta a abastecer a la industria y descomprimir la red residencial.
Puerto Madryn, una ciudad pesquera y turística con momentos de alta demanda de servicios públicos, recibe la totalidad de su agua potable de un acueducto que en 2027 cumplirá cien años y que hace tiempo ya que no da abasto.
El sistema, que traslada el recurso a lo largo de 60 kilómetros, muestra señales de fragilidad frente al crecimiento urbano y ya provocó cortes imprevistos en la ciudad.
Pero ahora, el municipio avanza con un plan para diversificar esa fuente: una planta desalinizadora que aproveche algo que en la ciudad del Golfo Nuevo sobra: el mar.
Un cambio estructural para Puerto Madryn
El intendente Gustavo Sastre anunció, durante la apertura de sesiones del Concejo Deliberante de 2026, la construcción de la planta como parte de un paquete de obras estructurales pensado para sostener el crecimiento de la ciudad en las próximas décadas.
El alcalde enmarcó la iniciativa en un escenario de cambio climático que, según planteó, vuelve indispensable diversificar las fuentes hídricas.
"Puerto Madryn es una ciudad en el desierto atada a un río lejano", resumió el escenario tiempo después el investigador Pedro Barón, ex director del Centro Nacional Patagónico (CENPAT), principal instituto científico y tecnológico del CONICET en la región y con sede en Puerto Madryn, para resumir la vulnerabilidad del modelo actual.
Según explicó al ser consultado por este proyecto, actualmente se proyectan menos precipitaciones anuales pero combinadas con eventos de lluvias torrenciales esporádicas, lo que complica aún más la dependencia de un único curso de agua.
¿Cómo se saca agua dulce del mar?
La tecnología elegida para la planta de Puerto Madryn es la ósmosis inversa, uno de los métodos más utilizados en el mundo para potabilizar agua de mar.
El proceso somete el agua marina a alta presión y la hace pasar por membranas semipermeables que retienen sales, minerales e impurezas.
El resultado es agua dulce apta para consumo humano e industrial.
A nivel mundial, hoy se producen 115 millones de metros cúbicos diarios de agua dulce mediante este sistema.
El método ya se aplica en regiones con escasez hídrica estructural y acceso al mar, como Israel, España, Chile y países del Golfo Pérsico. Pero no hay que irse tan lejos para encontrar ejemplos.
La propia provincia de Chubut tiene un antecedente e incluso en Madryn ya funciona una planta desalinizadora en el predio de la metalúrgica Aluar, para autoabastecerse, y con una capacidad inicial de entre 1.500 y 2.250 metros cúbicos diarios.
¿Dónde y cuándo empieza a funcionar?
Según Sastre, la planta se instalará en un predio de aproximadamente 3 hectáreas en la zona norte de la ciudad, cerca del puerto y del parque industrial.
En su primera etapa tendrá capacidad para producir 3.000 metros cúbicos diarios, orientados principalmente a abastecer a la industria, lo que permitirá a aliviar la presión sobre la red actual y mejorar la disponibilidad del recurso para la población.
El proyecto tiene además una mirada de largo plazo.
En etapas posteriores contempla abastecer zonas como El Doradillo, el área agroforestal y el crecimiento urbano hacia el norte, e incluso reinyectar agua desalinizada al casco urbano si la situación lo requiere.
La advertencia de un especialista
El principal desafío ambiental del proceso es la salmuera, agua hiperconcentrada con el doble de salinidad que el agua de mar convencional.
El municipio se comprometió a gestionarla mediante dilución y monitoreo permanente, bajo los estándares de control más exigentes.
Especialistas advierten, sin embargo, que el Golfo Nuevo es una cuenca semicerrada con bajo recambio con la plataforma marina, lo que exige un programa de estudio sobre la evolución de la salinidad a medida que se multipliquen este tipo de plantas.
El especialista Barón planteó como alternativa técnica relocalizar futuras plantas fuera del golfo, en el tramo entre Punta Ninfas y Rawson, con un acueducto que traslade el agua ya desalinizada.
¿Puede convertirse en un modelo para la Patagonia?
En un encuentro para pensar el futuro de la ciudad, Barón propuso pensar este proyecto como un posible "laboratorio urbano" patagónico en gestión del agua, integrando desalinización, energía eólica y circularidad hídrica.
Según su análisis, ese combo tecnológico podría destrabar el crecimiento urbano hacia el sur, hoy limitado por la escasez del agua.
El investigador destacó que la tendencia internacional avanza hacia sistemas modulares más pequeños y puso en valor que en la ciudad casi el 100% del agua residual se recicla, entre otros usos, para riego.
Por eso, propuso una hoja de ruta de tres pasos: un marco regulatorio municipal específico, que los desarrollos urbanísticos futuros contemplen esta variable desde el inicio, y una mesa de planificación con el municipio de Rawson, la cooperativa de servicios, el sector privado y el ámbito científico.
Antecedentes en la zona
La desalinización no es una novedad en la Patagonia.
La planta de Puerto Pirámides, inaugurada en 1989 en Península Valdés, es una de las más antiguas de la región.
Le siguieron las de Puerto Deseado, desde 2016, y Caleta Olivia, ambas en Santa Cruz.
Sastre indicó que la intención es "empezar cuanto antes" y adelantó novedades próximas, en trabajo conjunto con el Estado municipal y la cooperativa de servicios.
Desde el Centro para el Estudio de Sistemas Marinos, junto a consultores de ingeniería, ya organizan un evento sobre la problemática hídrica, previsto para marzo de 2027, con el objetivo de reunir a todas las partes interesadas en el futuro del agua en la región.
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