El intendente Horacio Quiroga quería irse al gabinete de Mauricio Macri. Lo dicen su entorno, buena parte del Municipio y por si hiciera falta él mismo. La semana pasada hizo un guiño no exento de estruendo: si Macri lo llamaba, dijo, él agarraba el Ministerio de Defensa. Tenía (y acaso tenga) razones para irse. En sus cuatro períodos frente al Municipio, la ciudad sobrellevó su proceso de mayor transformación. También hubo crecimiento y desarrollo. Pero quizás transformación sea un término que se ajuste más a la verdad. La foto final lo deja a Pechi con responsabilidades en lo bueno y lo malo. Hizo, dejó hacer y a veces no pudo. Hay cosas que sin el MPN en esta provincia tampoco se pueden hacer. Pero lo primero es querer hacerlas. Tomó opciones. A veces perdió, otras ganó: jugó casi siempre. Todo esto, con el telón de fondo del premio mayor de la gobernación siempre denegado. Ahí también peleó (y sigue haciéndolo en algún punto), hasta que él mismo dijo que los neuquinos estaban tomando otras opciones. Todas estas peleas Pechi las dio casi siempre en desventaja. Como pocos, hizo de su necesidad una virtud. Hoy, parece decir, sin decirlo, que pasar mil veces por las mismas batallas, pese a salir airoso casi siempre, también puede tener gusto a poco. Y por eso estaba dispuesto a dejar su cuarta gestión sin terminar, o terminándola con el control remoto, o con un hombre de su confianza luego de las elecciones para concejales. Quiroga, un “animal político” con pocos antecedentes por estas tierras, quería ir a jugar a las ligas mayores por un rato. Pero hasta hoy no se le terminó dando. Debería ver en eso una oportunidad para agotar esfuerzos y dejar una ciudad más justa y equitativa.
El intendente quiso irse al gabinete de Macri a jugar en la política nacional. No ocultó sus ganas, pero no se le dio.


