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La Mañana

Petróleo trampolín

Preservar la belleza natural de los paisajes es un eslabón indispensable en la cadena del turismo neuquino.

Dos noticias de esta semana pintan un paisaje de la economía neuquina de estos tiempos. La primera es el incremento de casi el 100% interanual de los ingresos provinciales, apoyados primero en las regalías petroleras y después en una fuerte suba de la recaudación de impuestos. La segunda es la postal evidente de una temporada turística récord, que posiciona a los viajes recreativos como el segundo motor económico de la provincia.

Se espera que este verano lleguen más de 300 mil turistas a Neuquén, atraídos un poco por el programa Previaje, otro poco por las limitaciones para salir al exterior y mucho por la belleza indiscutible de los paisajes neuquinos. Al tiempo que los convoca, la provincia desmotiva a los viajeros con las carencias de conectividad e infraestructura que alejan a nuestra cordillera de otros destinos nacionales mejor posicionados.

Si existe una diferencia de espíritu entre las dos principales actividades económicas de la provincia, esa diferencia es la finitud. Así, la producción hidrocarburífera que no tiene más remedio que extinguirse debería concebirse como una plataforma para el turismo, como un trampolín para impulsarnos y ganar vuelo en una actividad que necesita infraestructura, servicios, capacitación del personal y, sobre todo, un fuerte compromiso con el ambiente, el eslabón imprescindible para sostener una cadena atada siempre a la belleza natural.

Hay más recursos y también más necesidad. Los viajeros necesitan rutas asfaltadas, conexiones aéreas y conectividad digital para viajar y trabajar de forma remota. Necesitan infraestructura, servicios y una buena dosis de creatividad para conectarse de otros modos con la naturaleza. Pero también necesitan lagos de agua pura y bosques siempre verdes, que incluso en los veranos más secos no queden reducidos a las cenizas.

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