Dejó las salas de reuniones y una vida previsible en Puerto Madero por 15 metros cuadrados sobre ruedas. Marketing, el mundo de los negocios y la resiliencia sobre cuatro ruedas.
Hace ocho meses, el publicista neuquino Jorge “Tata” Varela decidió subirse a un motorhome y empezar a trabajar mientras recorre el país. Desde entonces acumuló 27 mil kilómetros, siguió al frente de su agencia Humo Rojo y convirtió el viaje en algo más que una experiencia personal. kilómetro tras kilómetro, comenzó a compartir sus conocimientos con pequeños emprendedores que fue encontrando en el camino.
Esta es su historia.
Varela lleva 35 años en la industria publicitaria, es fundador y CEO de Humo Rojo, agencia publicitaria que ya tiene 17 años de trayectoria, tambien fue presidente de Agencias Argentinas. En diálogo con el programa Al Final De Todo, que se emite por LU5 AM600, contó cómo nació “Ir & Venir”, el proyecto con el que decidió romper con una forma tradicional de entender el trabajo.
“Creo que la idea es incomodarse y buscar cosas nuevas, una nueva mirada para las cosas”, explicó.
“El cambio comenzó, primero, por una cuestión personal. Después llegó la transformación profesional”, indicó. Para Varela, “parte de la experiencia consiste en descubrir que no hacen falta tantas cosas para vivir bien y que muchas veces la rutina termina tapando aquello que está más cerca”.
“A veces se puede vivir con menos y valorar un poco más las cosas chicas, las cosas simples, que nos pasan por delante de la nariz y no las vemos porque estamos metidos en una vorágine de consumo y de estrés”, señaló.
Esa misma lógica se trasladó al trabajo. Según Varella, “la virtualidad que se consolidó después de la pandemia terminó demostrando que buena parte de las reuniones podían resolverse a distancia”.
“Hoy converso con clientes por Meet, Zoom o WhatsApp mientras mi oficina puede estar frente a un lago neuquino, en el norte argentino o a varios miles de metros de altura, en algún lugar de la cordillera argentina”, comentó.
“Cuando estás en un contexto distinto, trabajando mirando el Huechulafquen o estando en Jujuy, ves las cosas de una manera distinta y creo que a veces bastante mejor”, contó. Y resumió el efecto del cambio con una frase sencilla: “Oxigenás la cabeza, el cuerpo y el alma”.
Recorrido
En ocho meses recorrió unos 27 mil kilómetros. Pasó por Mendoza, Chile, Neuquén, buena parte de la Patagonia, Jujuy, Corrientes, Catamarca, Santiago del Estero y Córdoba, entre otros destinos. También volvió a descubrir su propia provincia.
“Moquehue fue uno de los lugares que más me sorprendió. También Villa Pehuenia, Caviahue, Copahue y Junín de los Andes, además de distintos rincones del corredor de los Siete Lagos”, señaló el publicista. Su viaje, según dijo, “no responde a una hoja de ruta cerrada”.
“No tengo un plan de decir llego a Ushuaia y después cuelgo el volante. Se va construyendo”, aseguró. “El próximo objetivo es llegar al extremo sur, pero sin convertir el recorrido en una carrera por completar destinos”, comentó.
Viaja acompañado por Chimi y Churri, sus dos perros Jack Russell, aunque periódicamente se suman amigos y familiares durante algunos tramos. Al respecto indicó “mi hijo compartió el recorrido por Jujuy. Hay momentos de compañía y otros de soledad que también forman parte de la experiencia”.
Soledad
“El viaje tiene algo de solitario, de mirar para adentro y de conectar con gente que no conocés”, explicó.
Y justamente esos encuentros inesperados terminaron dándole otro sentido a “Ir & Venir”. Humo Rojo realiza habitualmente trabajos pro bono para organizaciones y Varela decidió llevar ese espíritu a la ruta, pero a una escala mucho más personal.
“En Mendoza conocí a una familia dedicada a fabricar sombreros y comencé a ayudarlos con su comercio electrónico y su ecosistema digital. También monitoreamos pequeñas agencias de El Bolsón y Resistencia, dimos charlas en Chaco y Posadas y asesoramos a emprendedores que necesitan ordenar o comunicar mejor sus proyectos”, agregó.
Entre esas historias aparece la de una mujer de 67 años que se recibió de enóloga y busca lanzar su propio vino. Varela la conoció durante uno de sus recorridos y decidió acompañarla para pensar cómo posicionar el producto.
No rendirse
“Hay un montón de gente grande que sigue intentando y sigue haciendo. Hay mucha gente que no se rinde, y eso me encanta”, sostuvo.
Ese contacto con emprendimientos de pueblos pequeños se transformó en uno de los motores del viaje. Según relató, “muchas personas tienen productos, paisajes o servicios con enorme potencial, pero carecen de herramientas básicas para mostrarlos y comercializarlos”.
“Hay veces que podés hacer un montón de cosas y otras veces podés hacer poquitas, pero sea grande o chico está bueno dar una mano”, dijo.
Su propuesta, aclaró, no pasa por hacer el trabajo por los demás. “Trato de no resolver el 100% del tema y dar herramientas para que aprendan a resolverlo ellos solos. No soy asistencialista, soy un colaborador”, explicó.
En ese recorrido también encontró otra Argentina, lejos de los grandes centros urbanos. Una de las imágenes que más lo impactó fue “la dificultad para conectar lugares con enorme potencial turístico debido al estado de las rutas y a la falta de información”.
“Las rutas son muy necesarias para que la Argentina, que es un país tan grande, pueda conectar gente, necesidades y desarrollo”, planteó.
Pero también encontró historias de personas que, “incluso en lugares muy pequeños y con recursos limitados, siguen apostando por producir, brindar servicios o desarrollar turismo”. Para Varela, “ahí la comunicación puede marcar una diferencia enorme”.
Puso como ejemplo Campo de Piedra Pómez, en Catamarca. Después de visitar el lugar, aprendió a editar sus propios videos y publicó uno a modo de bitácora. El resultado lo sorprendió: alcanzó alrededor de 500 mil reproducciones y recibió cientos de mensajes de personas interesadas en conocer el destino.
“Me levanté a la mañana y tenía 300 mensajes de gente que quería viajar conmigo. Y yo les decía: ‘No estoy vendiendo nada, esto es una bitácora’”, recordó.
La experiencia también lo llevó a pensar “cuánto puede cambiar un pequeño emprendimiento cuando logra hacerse visible”.
“Alguien que va todos los días a Campo de Piedra Pómez tiene el mismo acceso al contenido que yo”, reflexionó.
“Por ahora no hay fecha de regreso definitiva ni una meta que marque el final. “Ir & Venir” nació como una manera de trabajar viajando, pero terminó convirtiéndose en una forma distinta de mirar mi profesión y mi propia vida”, señaló.
Después de 35 años dentro de la publicidad, Tata Varela sigue trabajando con grandes empresas y dirigiendo su agencia. “La diferencia es que la ventana de mi oficina ya no da siempre al mismo lugar. Y detrás de cada nuevo paisaje aparece también la posibilidad de encontrarme con alguien a quien una idea, una estrategia o simplemente una conversación pueda ayudar a dar el próximo paso”, concluyó.
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