Piedras en el mismo paraíso

Macri vivió ayer algo que suena normal en Neuquén: reclamos y desbordes en medio de una política muy compleja.

Macri pisó Neuquén con el pie izquierdo. El escrache estaba cantado en una provincia donde el reclamo y los desbordes forman parte de un paisaje habitual. Es casi un fenómeno cultural de un territorio que se jacta de haber sido el primero donde se cortó una ruta. Pero bastó sólo cruzar un límite difuso para que una piedra transformara un repudio político en un hecho policial.

Ayer el Presidente vivió, por momentos, algo parecido al infierno normal, en uno de los lugares más lindos del mundo como Villa Traful. Lo vivió, a pesar de que se dijo que no alcanzó a dimensionar el hecho. La visita ya estaba anunciada. Salió por todos los medios y resulta al menos extraño que, si importaba la seguridad presidencial, un colectivo con dirigentes de ATE pudiera llegar al pueblo, de lo más campante, conociendo las mañas y cómo pueden terminar estas señales anticipadas que suelen dar los sindicatos.

Macri vivió ayer algo que suena normal en Neuquén: reclamos y desbordes en medio de una política muy compleja.

Más allá de cómo termine la novela del gremio y las piedras voladoras, algo no está sonando bien en Neuquén. Macri se despachó contra el MPN luego de una charla previa con Gutiérrez, según dijo el mismo Presidente. Quiere una provincia “con las cuentas equilibradas” pero en un Estado que tiene que emitir letras para pagar los sueldos.

Tocar al partido provincial es, por lo menos, un acto ¿de inocencia? de Macri, ya que no vive en carne propia la institución que genera el MPN con más de medio siglo de historia. Nación quiere imponer una suerte de igualdad en todas las provincias, desconociendo algunas particularidades. Y en Neuquén, los gremios son fuertes. De nada sirve ir al choque. La historia demostró que el tira y afloje es eterno.

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