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Pintoras de brocha gorda: se quedó sin trabajo y pinta casas junto a su hija

Pasaban una difícil situación económica y se dedicaron a una actividad dominada por hombres. Algunos cancelan sus pedidos al saber que son mujeres.

Hace un año, y durante el período más crudo de la pandemia, Zunilda Pedreros se ofreció para pintar casas. Aunque nunca había trabajado como pintora de brocha gorda, sí había realizado cursos ligados a la construcción. En este nuevo escenario, sin ayudas del gobierno y con tres hijos para mantener, consideró que los rodillos podrían ser su única herramienta para salvarse del hambre, y así se lanzó como una de las pocas pintoras mujeres de la región.

Cuando llaman para pedir un presupuesto, muchos clientes se sorprenden al saber que son mujeres las que están detrás de este servicio. Es que Zunilda no trabaja sola: pinta las casas junto a Ayelén, su hija de 21 años que cursa la carrera de Criminología y pasa el pincel mientras sueña con convertirse en perito forense.

Y ella cuenta la historia con tono de mamá orgullosa. "No lo digo porque sea mi hija, pero muchos chicos empiezan a trabajar y abandonan los estudios, en cambio ella se las arregla para hacer las dos cosas porque lo que de verdad quiere es tener éxito en su carrera", relata.

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Por más que su profesión parezca poco frecuente, Zunilda asegura que las mujeres tienen ciertas ventajas con respecto a los hombres a la hora de pintar una vivienda. Considera que son más detallistas y pintan de manera más delicada. Por eso, piensa que encargar esa faena a una mujer asegura resultados más prolijos.

"Cuando nos preguntan, también nos gusta asesorar sobre la elección y la combinación de colores, o cómo van a quedar los tonos con la luz una vez que se sequen", afirma la mujer y agrega que se animan a todo: pintan rejas, las fachadas o cualquier habitación del interior.

Sin más capital que su propia voluntad para trabajar, Zunilda y Ayelén llegan caminando a las viviendas que van a pintar. "Siempre miramos primero qué casas son, porque somos mujeres y nos tenemos que cuidar", dice sobre el proceso de selección de sus clientes. Allí, esperan que los propietarios dispongan de los tachos de pintura ya comprada y que les presten escaleras o tambores para subirse a los rincones más altos, porque aún no pudieron invertir en herramientas propias.

La mujer asegura que el próximo paso es comprarse una escalera, pero todavía no juntó los fondos porque bajó el precio de sus servicios para conseguir más oportunidades. "El metro cuadrado está a 500 pesos, pero yo cobro 350 para que me salgan más trabajos", dice y aclara que, hasta ahora, las propuestas no abundan: "Hacemos un trabajo por mes".

En varias ocasiones, las negociaciones se interrumpen cuando los clientes se enteran de que son mujeres. "¿Usted es la que va a pintar?", dice Zunilda que le preguntan antes de cortarle el teléfono. Y aunque no sufrieron faltas de respeto por ser mujeres y pintoras, saben que la mayoría de las changas se las quedan sus colegas varones.

Aunque la pintora optó por bajarle el precio a esa tarea que emprende con dedicación, puso un límite para evitar malas experiencias. "Antes limpiábamos patios a cambio de mercadería, pero una vez nos dieron comida vencida", se lamentó. Polenta con gorgojos y latas vencidas en 2021 fueron el magro botín por varias jornadas de trabajo extenuante. Zunilda dijo "nunca más" y se cambió a un rubro que se cobraba con billetes.

Cada vez que les llega un trabajo, madre e hija llegan caminando y con pura voluntad. Pintan en jornadas de 12 horas sin interrupción. "Hay casas y casas, en algunas nos hacen pintar afuera y no nos alcanzan ni un vaso de agua", dice y se ilumina al mencionar las otras veces, cuando las familias más amables les permiten conversar y escuchar música mientras pasan el rodillo por la pared.

Zunilda y Ayelén esperan que sus capacitaciones, su voluntad y sus dotes prolijos se impongan más que su género a la hora de conseguir oportunidades nuevas. Con un ritmo de trabajo más intenso, podrían comprar sus propias herramientas y garantizar el bienestar de las dos y los otros dos hijos de la pintora.

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