Por la crisis, se disparó la venta ambulante en Plottier

Cada vez hay más personas que se la rebuscan en la calle.

Georgina Gonzales

gonzalesg@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Algunos venden pan casero, otros tortas fritas y otros ofrecen bolsas de residuos, palas para el asado, salame y queso o plumeros. Son los vendedores ambulantes que en los últimos tres meses se triplicaron en la ciudad y caminan por todo el centro para ganarse el mango.

Los comerciantes son los primeros que los ven. Es que todas las mañanas llegan a los locales ofreciendo sus productos.

Susana, dueña de una tienda de ropa sobre la Avenida San Martín, comentó que son varios los jóvenes que recibe a diario. “Yo creo que es porque se cayeron muchos subsidios, planes que antes daban y entonces salen a vender. Acá pasaron con trapos de piso, bolsitas y también con comida”, consideró la comerciante.

Los vendedores ambulantes caminan toda la zona centro de la ciudad y también algunos otros focos comerciales, como es en cercanías del cementerio.

Centro: es el sector de la ciudad donde más se nota la presencia de los ambulantes.

Lucas, empleado de una farmacia sobre la calle Buenos Aires, aseguró que hasta el año pasado sólo pasaba Ariel ofreciendo tortas fritas y rosquitas. “Desde hace tres meses pasan unas cinco personas por día, la mayoría vende tortas fritas, rosquitas, pan casero y algunos alfajores de maicena. Mucha gente joven de entre 15 y 25 años”, describió.

“No me voy a volver millonaria vendiendo pan. Los que hacen esto lo hacen para subsistir”. Mariela. Vendedora de panes caseros

Otros de los que se suman a la venta callejera son los estudiantes secundarios, que organizan rifas para juntar fondos para las fiestas de fin de año. Jorgelina, de una tienda naturista, contó que en esta época son muchos los chicos que pasan por el local con distintas ideas para recaudar fondos y que ellos se suman a los tradicionales vendedores de panes rellenos y también de objetos como magiclick o plumeros.

Mariela es una mujer que hace dos años quedó desempleada, al igual que su marido. Ellos encontraron la manera de subsistir vendiendo pan casero. Ella ya es conocida entre los vecinos, quienes le van a comprar a la esquina de Riavitsz y Ruta 22.

Ella coincidió en que varios jóvenes se sumaron a este trabajo y contó que incluso su hijo, que se volvió de Córdoba, se incorporó a la venta familiar en la calle.

De esa provincia también llegaron un tío y su sobrino, quienes se pusieron a vender quesos y salames. Ellos van con su canasta caminando y golpeando las puertas, no sólo de los negocios sino también de los vecinos.

Los primeros efectos de la crisis económica ya son notorios en la calle. Cuando el empleo formal no abunda, cientos de personas se la rebuscan con la venta ambulante.

Piden trabajo en los comercios y se ofrecen para limpiar

Los comerciantes del centro de la ciudad coincidieron en que cada vez son más las personas que pasan por los negocios en búsqueda de trabajo como empleados y también ofreciéndose para limpiar el local. Cualquier oportunidad es buena para llevar el pan al hogar. La crisis ya se empieza a sentir fuerte en la ciudad, y quienes atienden los negocios son un termómetro de la nueva realidad.

La dueña de la tienda Sout, en el centro de la ciudad, comentó que ella recibe por semana 10 curriculum vitae de –en su mayoría- jóvenes que recién terminaron la secundaria. “Parecería que son chicos que quieren seguir estudiando pero que sus familias ya no los pueden bancar, entonces quieren recurrir a unas horas de trabajo”, indicó.

También en otras tiendas comentaron que varias mujeres pasan con la intención de limpiar el local para ganarse el día.

Lucas, empleado de una farmacia céntrica, aseguró que en ese comercio también se incrementó mucho la cantidad de personas que se ofrecen para limpiar el local.

“Además llegan muchas chicas de entre 20 y 35 años que hicieron cursos técnicos y que se ofrecen para trabajar”, comentó.

Hay oferta hasta en las escuelas

El secretario general adjunto de ATEN Plottier, Norberto Calducci, aseguró que en los últimos meses la venta en las escuelas se volvió moneda corriente. Algunas maestras venden productos por catálogo y muchas mamás tratan de sumar a la economía familiar vendiendo tejidos y otras artesanías. “Se ven muchas mamás ofreciendo productos. Incluso las maestras lo hacen”, dijo.

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