Antes de que la encontraran muerta, un profesor de Anahí Benítez le pidió que le devolviera la esperanza. Se ilusionó con que su ausencia respondiera sólo a un capricho adolescente, a una escapada romántica e inconsciente con un noviecito púber, a un acto de egoísta rebeldía.
“Necesito creer que te fuiste por propia voluntad, que te enojaste, te hartaste, que algo te empujó a tomar esa drástica decisión”, le pedía el docente de quinto segunda, antes de que el hallazgo del cuerpo en una reserva ecológica de Lomas de Zamora le borrara de un plumazo esa mínima esperanza que Anahí no le pudo devolver.
Esa búsqueda intensa, costosa y desesperada siempre se decanta por el dolor o la bronca.
Cuando la mujer aparece viva, están los que se enojan porque los recursos del Estado se destinan a búsquedas de novias fugitivas o adolescentes rebeldes. Entonces, el alivio se mezcla con una confusión entre padres y fiscales que no saben cómo explicar que las chicas simplemente se escaparon.
Pero ¿cómo saber la diferencia? ¿Cómo renunciar a una búsqueda? Hay actos de inconsciencia y rebeldía que pertenecen al ámbito privado, pero también hay una cantidad abrumadora de pruebas que demuestran que los femicidios están lejos de disminuir.
Búsquenlas. Siempre. Otra vez. Una y mil veces. Y recen para que sea sólo un nudo en el estómago que se desata cuando aparecen vivas. Porque están las que se escapan, pero también están las que nunca vuelven.
Cuando la mujer aparece viva, están los que se enojan porque los recursos del Estado se destinan a búsquedas de novias fugitivas o adolescentes rebeldes.


