¿Por qué el tiempo a veces pasa volando y otras va lento?

El cerebro crea una percepción subjetiva según las experiencias.

¿Qué es el tiempo, ese fenómeno que medimos de forma arbitraria con relojes y segundos? ¿Existe en realidad o es sencillamente el intervalo entre hechos sucesivos? ¿Por qué a veces parece avanzar despacio y otras más rápido? ¿Por qué cuando dormimos el tiempo parece desaparecer? Estas preguntas, que rozan lo filosófico, quizá no tienen una respuesta inmediata. Sólo se sabe que en el curso de la evolución, los seres vivos desarrollaron relojes biológicos para estar vinculados con el tiempo. O, quizá, con fenómenos terrestres relacionados con él, como los ciclos que dependen de la sucesión del día y la noche o del paso de las estaciones.

Estos relojes biológicos se caracterizan porque nos sincronizan con fenómenos naturales asociados con el tiempo. Además, se sabe que hay grupos de neuronas en el hipocampo que cada diez segundos, aproximadamente, disparan una descarga eléctrica, y que funcionan como un auténtico reloj interno. ¿Es ahí, entonces, donde está nuestra percepción del tiempo y el motivo por el que el tiempo a veces parece detenerse o avanzar demasiado rápido?

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Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega arrojó más luz sobre esta cuestión. Gracias a experimentos elaborados con ratones de laboratorio, localizaron un reloj neural que hace un seguimiento del paso del tiempo en relación con las experiencias: de hecho, constaron que las propias experiencias alteran la percepción del tiempo. “El cerebro construye el tiempo como un evento que se experimenta”, dijo en un comunicado Albert Tsao, autor principal del estudio. “Esta red de neuronas no codifica el tiempo explícitamente. Más bien crea uno que es subjetivo y nace del flujo continuo de la experiencia”, agregó.

Dicho de otra manera, este reloj neural, situado en la corteza lateral entorrinal, es el responsable de crear una percepción subjetiva del tiempo, en función de las experiencias, y de organizar dichas vivencias en una secuencia ordenada de eventos. No sabemos a qué hora fuimos al gimnasio y cuándo nos duchamos, pero recordamos el orden en que estas cosas ocurrieron.

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