¿Por qué elegimos pasar las fiestas acompañados?

El cerebro evolucionó para permitirnos organizar las relaciones.

Buenos Aires.- Por distintos motivos, hay mucha gente que pasa las fiestas sola. Algunos lo hacen por decisión propia, mientras que otros no tienen con quién compartir las festividades por la distancia o la ausencia de la familia o amigos. En este último caso, el panorama se aparece desolador; no por que haya que apegarse a las tradiciones, sino –y esencialmente– por la naturaleza social del cerebro humano.

El neurólogo y neurocientífico argentino Facundo Manes expresa que la mejor definición de qué es el cerebro sería "un órgano social".

"La complejidad de nuestro cerebro es consecuencia, al menos en parte, de la complejidad social que ha alcanzado nuestra especie a lo largo de su evolución", explica el profesor de la Universidad Favaloro a El País, y advierte: "Nuestro desarrollo evolutivo se destaca por las habilidades sociales; es decir por la capacidad para comunicarnos, para conectarnos, para planificar y trabajar juntos, para afianzar tradiciones colectivas, para reunirnos y celebrar en comunidad".

Contracara: La soledad es vista como una amenaza e incluso llega a afectar el sistema inmunológico.

Según él, necesitamos continuas relaciones para que nuestro cerebro se mantenga en forma. Así como al nacer los niños buscan instantáneamente "conectarse" con sus padres como un mecanismo de preservación, cuando somos adultos esta necesidad no desaparece, por el contrario, se vuelve más compleja.

Manes habla de cognición social y explica que incluye diversos procesos, tales como la "teoría de la mente", que es la capacidad de inferir los estados mentales de otras personas; la empatía, que podría definirse como una respuesta afectiva hacia otras personas y que puede (o no) requerir compartir su estado emocional; el reconocimiento de expresiones faciales, el procesamiento de emociones, el juicio moral y la toma de decisiones.

Por eso, cuando nos sentimos solos o aislados, se activa en muchos casos una alerta del sistema biológico frente a una amenaza o potencial daño al cuerpo social.

Hoy en día hay varios estudios que dan cuenta de eso y que revelan cómo la soledad impacta en la salud mental y física de las personas. El aislamiento, por ejemplo, afecta la calidad del sueño y aumenta los síntomas depresivos y los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Incluso se ha detectado que la misma estructura genética del sistema inmunológico cambia desfavorablemente en las personas en soledad prolongada.

"La diferencia no la hace la cantidad de personas con las que se rodea, sino la calidad del tiempo compartido con amigos y familia, una pareja confiable o sentirse parte de algo más grande que uno mismo (conectividad colectiva)", explica Manes.

El aislamiento, un enemigo del cerebro

Un reciente estudio publicado en la revista Science alerta que la soledad afecta el desarrollo cerebral. Tras detectar déficits cognitivos y problemas conductuales en niños que habían crecido en aislamiento y con mínima estimulación social, llevaron el caso al laboratorio, donde trabajaron con ratones. Investigadores del Hospital Boston y la escuela médica de Harvard observaron que, entre otras cosas, los ratones aislados desarrollaron menos mielina, una sustancia que ayuda a las neuronas a transmitir información y que es crucial para actividades como las interacciones sociales.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído