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La Mañana

¿Por qué no nos gusta cómo salimos en las fotos?

Perspectiva, iluminación y factores psicológicos nos dejan insatisfechos con nuestra imagen.

Es habitual que en la sociedad actual, en la que siempre llevamos nuestra cámara de fotos encima, saquemos más fotos o selfies de lo necesario. No es raro encontrar en la galería del celular de los adolescentes -y no tanto- más de 30 autorretratos casi iguales. ¿El mundo se volvió narcisista? Tal vez, aunque la repetición se explica en que es común que no nos guste cómo salimos en una foto. Y hay una explicación científica.

Las personas estamos acostumbradas a vernos en espejos y superficies reflectantes, pero la imagen que devuelven no es la que el resto ve de nosotros. El efecto “mera exposición” consiste en que vamos a preferir las cosas porque nos son familiares (es por eso que este fenómeno también se denomina “principio de familiaridad”). “Después de toda una vida viéndonos en los espejos, es la imagen más familiar que tenemos de nosotros. Y cuando la cámara nos devuelve la imagen “real” de nosotros, nos vemos tan raros que nos desagrada”, explica la española Andrea García Cerdán, psicóloga clínica y de la salud. Esto no ocurriría si fuéramos simétricos, ya que de esa manera las dos imágenes serían iguales. Pero nuestra sonrisa se eleva más por un lado que por otro, nuestro pelo cae más hacia un lado...

Dentro del efecto mera exposición también influye la perspectiva con la que nos sacamos la foto. En el espejo nos vemos al nivel de los ojos, pero las fotos pueden tomarse desde todo tipo de perspectivas. Además de que algunas perspectivas –por nuestro propio tipo de cara– no nos favorezcan, lo habitual es que no estemos acostumbrados a esa perspectiva. Aunque parezca muy evidente, hay otros aspectos de las fotografías que influyen en cómo nos vemos. La luz es muy importante, porque depende de dónde esté el foco, se van a ocultar o evidenciar nuestros “defectos”.

La autopercepción juega un rol clave. “El modo en que nos percibimos -agrega García Cerdán- es diferente de la forma en que percibimos a los demás. Mientras al rostro de los otros lo vemos de forma global, cuando nos miramos a nosotros nos centramos en los detalles, en si tengo el ojo así, si tengo manchas, pecas, granos”.

Es cierto también que todos tenemos días buenos y malos, pero la realidad es que la gente casi siempre nos ve igual. “A todos nos ha pasado que decimos: ‘Hoy tengo el pelo horrible’. Y nos contestan: ‘Pues te veo igual que siempre’. ¿Es que siempre tengo los pelos mal? No, lo que ocurre es que la gente va a ver nuestro conjunto y no las partes específicas de nuestra cara”, dice la psicóloga. Por eso la mayoría de las veces no se van a fijar en los detalles que tanto nos molestan, a no ser que se enteren por nosotros.

Un estudio reciente encontró que la gente suele considerarse más atractiva de lo que en realidad es. En este experimento se modificaron fotos de los participantes mezclándolas con una foto de una persona atractiva o poco atractiva de su mismo sexo. Los participantes tenían que escoger cuál de ellas era la imagen real de ellos mismos. Y resultó que, en general, tendían a escoger más rápidamente la versión más atractiva de ellos mismos. “Sin embargo, -explica García Cerdán- esto puede ocurrir en personas con alta autoestima y una percepción positiva de sí mismas. Quienes tengan baja la autoestima se verá menos atractiva de lo que en realidad es”. Todo en el contexto de una sociedad que presiona para que seamos “perfectos” y consigue, en realidad, que nunca estemos del todo satisfechos.

A todos nos pasó que decimos ‘Hoy tengo el pelo horrible’. Y nos contestan: ‘‘Te veo igual que siempre’”. Andrea G. Cerdán. Psicóloga clínica

Tips para no sufrir por una imagen

La gente no se fija en los detalles que vos mirás al sacarte una foto y la gran mayoría te observa tal como sos, sea en una foto o personalmente: la distorsión es tuya. Para esto es importante aprender a mirarnos de manera global y dejar de poner el foco en cualquier defecto que puedas tener. No te fotografíes por tu ego (alimentarlo o destrozarlo, según el día), sino para recordar el momento que estás viviendo en el momento del clic.

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