Una pelea entre presos motivó la intervención de personal de la Comisaría 20 que debió ingresar a una de las celdas en la comisaría céntrica, sobre calle Uriburu, para separar a los revoltosos y descomprimir los ánimos.

Tras lograr el objetivo, llegó la sorpresa al momento de realizar la requisa del calabozo.

Al parecer, el preso se movía en la comisaría como si estuviese en su casa: contaba con la llave de la celda, un celular activo y wifi con el que accedía a internet para subir fotos tomando alcohol.

Lo primero que encontraron debajo de un colchón fue una llave del candado del calabozo. Se trataba de una copia fiel de la original.

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