Prostitutas del barrio rojo protestaron en su día

Holanda aprobaría una ley contra el proxenetismo que las perjudica.

Las prostitutas del barrio rojo de Ámsterdam celebraron ayer el Día Internacional de la Trabajadora Sexual con una manifestación en la que denunciaron que una ley contra el proxenetismo las “pone en peligro”, según dijo el portavoz del sindicato PROUD, Lynton Kwame. Esto se debe a que la reciente reforma del Código Penal holandés, que aún debe pasar por el Senado, incluye penas de hasta 4 años de prisión por proxenetismo, e incorpora en esta categoría a choferes de coches o guardias de seguridad que colaboren con prostitutas no registradas.

“Ellos dicen que se centran en los proxenetas, pero en realidad castigan a cualquiera que tenga un beneficio del dinero obtenido por las profesionales”, aseguró Kwame. Según el PROUD, “el contador de una trabajadora sexual o hasta su compañero de vivienda podrían ser multados o procesados”.

Holanda levantó la prohibición de los burdeles en el 2000 y tolera el trabajo sexual, pero deja en manos de los municipios la posibilidad de exigir un permiso para trabajar en el sector. “El registro cuesta hasta 1500 euros en algunos sitios y pagarlo no asegura obtenerlo. Puede ser rechazado por cosas pequeñas, como haber recibido una multa o simplemente porque esa ciudad no quiere tener a ninguna trabajadora sexual allí”, protestó el portavoz de PROUD. Esta circunstancia explicaría por qué la mayoría de las profesionales del sexo no están registradas: es por su temor a denunciar en la Policía situaciones de abuso por parte de clientes.

Ayer fue el Día Internacional de la Trabajadora Sexual y en Ámsterdam hubo marchas en las que también reclamaron contra una medida de Donald Trump

El centro neurálgico de la prostitución en Holanda (y uno de sus más fuertes atractivos turísticos) es el barrio rojo de Ámsterdam. Un plan municipal basado en reglas más estrictas contra los burdeles provocó el cierre de casi un tercio de ellos en los últimos diez años. Desde el sindicato lamentan esta política porque “en el barrio rojo hay una comunidad muy social donde las trabajadoras se cuidan entre ellas. Es mucho más seguro ejercer allí que en un aparcamiento o en un descampado”.

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El otro reclamo fuerte de la manifestación que ayer recorrió la capital holandesa es la abolición de las leyes FOSTA-SESTA, firmadas en abril por Donald Trump, y que servirían para luchar contra el tráfico sexual de personas, según sus defensores. Este conjunto de medias legislativas puso en pie de guerra a la industria del sexo, debido a que contempla sanciones contra los proveedores de internet que permitan en sus páginas anuncios de prostitución, lo que ya provocó la autocensura de muchos de ellos. La medida afecta directamente a las trabajadoras sexuales europeas, dado que la mayoría de sus clientes son estadounidenses.

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